Foodies on Menorca
C.M./Maó - Biel Morro Martí (Maó, 1964), casado y padre de dos hijos, lleva casi cuatro décadas ejerciendo como secretario de la Cofradía de Pescadores de Maó, un cargo que ha marcado buena parte de su vida. Testigo directo de todas las transformaciones del sector, ha navegado entre cambios continuos y una normativa cada vez más exigente. Desde 1986 lleva el timón con una dedicación constante, discreta pero imprescindible para el funcionamiento cotidiano del colectivo.
¿Cuántas embarcaciones y qué tipo de pesca representa actualmente la cofradía?
Actualmente, la cofradía cuenta con quince embarcaciones de artes menores, tres de marisqueo y tres de arrastre. Aunque la flota se ha ido reduciendo a lo largo de los últimos años, en la actualidad se mantiene en una situación relativamente estable. Cuando empecé, había cuatro embarcaciones de arrastre y setenta y cinco de artes menores, muchas de las cuales eran semiprofesionales y compaginaban la pesca con otras actividades, una realidad muy habitual en Menorca. Hoy, en cambio, todas las embarcaciones se dedican plenamente a la actividad pesquera.
¿Cuál es la situación general del sector pesquero en Maó en este momento? ¿Cuáles son las principales preocupaciones de los pescadores?
El principal reto del sector es la falta de relevo generacional: no hay suficientes jóvenes para sustituir a los pescadores que se jubilan. Paradójicamente, los caladeros nunca habían estado tan bien conservados. La reducción del esfuerzo pesquero ha favorecido la regeneración de los recursos, una realidad que el presidente de la Federación Balear, Pep Bonnín, resume así: el sector puede acabar muriendo de éxito; habrá pescado abundante, pero no pescadores. Tanto la gamba como el pescado gozan de buena salud, y la demanda supera a la oferta. Fuera del verano, resulta inviable subir los precios, ya que durante el invierno el consumidor menorquín no podría asumirlos.
Imagino que el otro gran problema son las exigencias de Europa...
Hoy en día, la normativa pesquera es extraordinariamente compleja de cumplir. Sin embargo, pese a los obstáculos y las sucesivas rectificaciones —como las derivadas de la implantación del DEA a bordo o del sistema de pesaje de las capturas—, con el tiempo las medidas se han ido ajustando a la realidad del sector. Actualmente se ha establecido un margen de tolerancia, mientras avanza el correspondiente proceso de corrección legal.
¿Cómo está afectando la reducción de días de pesca y los límites de capturas impuestos por la Unión Europea a la flota pesquera de Maó?
En cuanto a los días de esfuerzo pesquero, también se ha tenido que reducir ligeramente la actividad. Las embarcaciones de arrastre se han ido dosificando: en temporada baja, en lugar de salir cinco días a la semana, salen cuatro, en buena parte porque así lo marca el propio consumo. No es una situación que se viva como un gran problema. De hecho, no ha sido necesario parar la flota durante largos períodos para cumplir la normativa. Es cierto que se han ido reduciendo jornadas, pero de manera progresiva y adaptándose tanto a las condiciones meteorológicas como a la demanda del mercado, que a menudo ya impiden pescar todos los días previstos.
¿El sector se ha adaptado?
El sector ha acabado adaptándose. Aunque las empresas han reducido ligeramente la actividad, la facturación se ha mantenido en buenos niveles. Esta nueva dinámica también ha tenido un impacto positivo en los trabajadores, que a menudo han valorado poder salir al mar solo cuatro días en invierno en lugar de cinco, con una mejor conciliación y menor desgaste físico.
¿Y en cuanto al límite de capturas?
La pesca de la gamba ha sufrido una afectación más clara. Aunque la plataforma está en muy buen estado y hay abundancia, el establecimiento de un cupo resulta poco lógico. En verano, cuando la demanda es más alta y sería el momento óptimo para aumentar capturas e ingresos, las limitaciones lo impiden, obligando a las embarcaciones a dosificarse a lo largo del año. Igual que la langosta es clave para las barcas de artes menores, la gamba es la especie fundamental para las embarcaciones de arrastre.
¿Qué papel juega la pesca de la langosta en Maó?
En Maó, la langosta es la especie más importante. Este último año hemos capturado 2.691 kilos. Algunas embarcaciones, sin embargo, inician la campaña un poco más tarde que en Fornells, habitualmente entre mayo y junio, mientras que allí empiezan plenamente ya a partir de abril. La actividad, por tanto, es más escalonada: primero se prioriza la pesca de pescado y, posteriormente, la de langosta.
La producción local de marisco y pescado —como es el caso de la langosta—, ¿consigue cubrir la demanda, especialmente en verano, o hay que recurrir a producto importado?
De sobra. Por eso, a menudo entra mucha langosta procedente de otras zonas, que acaba vendiéndose como langosta de Menorca. Aun así, es una situación casi inevitable.
¿De dónde viene esa langosta?
Sobre todo procede de África, principalmente de Marruecos. Tiene un aspecto similar a la langosta local, pero no es tan sabrosa.
¿Recibís suficientes apoyos o ayudas de la administración, por ejemplo para subvenciones, infraestructuras o proyectos?
Sí, la verdad es que no nos podemos quejar. Desde hace años disponemos de los fondos GALP para inversiones, tanto para la cofradía como para su sostenimiento, algo que resulta muy necesario.
¿Qué opinión tiene la cofradía sobre el equilibrio entre sostenibilidad ambiental y sostenibilidad económica en la normativa pesquera actual?
Europa es un problema, porque su enfoque ambiental y sobre las capturas solo tiene en cuenta a los grupos ecologistas. Mientras tanto, nosotros estamos hartos de llevar biólogos del Instituto Oceanográfico que salen semanalmente con las embarcaciones de artes menores y constatan que la plataforma de Menorca, y de Baleares en general, se encuentra en muy buen estado.
¿Qué causas identificáis como principales responsables de la falta de relevo generacional en el sector? ¿Qué medidas creéis que serían efectivas para garantizar que los jóvenes se interesen por la pesca como oficio?
El primer obstáculo son las trabas burocráticas. Para dedicarse a la pesca hay que pasar antes varios cursos: obtener la formación básica de marinero-pescador y superar la revisión médica, entre otros requisitos. Todo esto frena a mucha gente, porque si mañana quieres trabajar de camarero, carpintero o albañil, puedes empezar casi inmediatamente. Antes, los militares y marinos permitían que alguien acompañara a un marinero durante un tiempo para ver si el oficio le gustaba; solo después, si le gustaba, empezaba la formación completa. Hoy, con todas las exigencias actuales, mucha gente ni siquiera intenta probar la profesión.
¿Cuáles son, según su parecer, los principales retos y oportunidades para el sector pesquero de Maó en los próximos 5-10 años?
Los retos principales son los mismos: que nos permitan trabajar sin imponer más impedimentos ni restricciones; encontrar personal para poder salir al mar —actualmente contamos con marineros de Senegal, de Marruecos, etc., ya que es muy complicado conseguir personal nacional—; y asegurar que no falte pescado ni marisco.
¿Cómo afecta el turismo gastronómico de Menorca —y concretamente, el consumo de productos como la langosta o la gamba— a la pesca local de Maó?
Lo hemos dicho muchas veces en las reuniones: la promoción del producto local y del turismo gastronómico en Menorca se vería muy afectada si las embarcaciones locales no pudieran pescar o faltaran pescadores. La propaganda del producto de kilómetro cero —venir a Menorca y comer caldereta de langosta o gambas locales— perdería sentido si esos productos tuvieran que venir de África.
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