Tonia Pons Prats: «Si perdemos la Plaza del Mercado, perderemos también una manera de comprar y comer pescado»

Tonia Pons Prats: «Si perdemos la Plaza del Mercado, perderemos también una manera de comprar y comer pescado»

Itziar Lecea/Ciutadela - Cada mañana, detrás del mostrador de la pescadería, Tonia Pons Prats observa en primera línea cómo ha ido cambiando el sector pesquero de Menorca. Lo ha hecho casi en silencio, empujado por la falta de personal, las nuevas normativas, las dificultades de las embarcaciones y unos hábitos de consumo que cada vez se alejan más de la compra tradicional.

Desde la Plaça del Mercat de Ciutadella, defiende el producto, la venta directa y, sobre todo, la necesidad de mantener vivo un espacio que durante generaciones ha formado parte de la cultura alimentaria de la ciudad. Una conversación franca sobre el pescado de Menorca, la necesidad de complementarlo con producto de fuera cuando el mar no permite salir, los cambios en el consumidor y un futuro que pasa, según ella, por no dejar morir el mercado.

Hace años que trabajas en el mercado. Cuando miras atrás, ¿qué es lo que más ha cambiado en estos últimos veinte años?

Ha cambiado mucho. En veinte años, o tal vez un poco más, el cambio ha sido muy grande. Muchas embarcaciones que antes venían directamente a vender al mercado han dejado de hacerlo. Lo que han hecho es vender el pescado a revendedores. Primero, por falta de personal dentro del barco, y después por falta de personal para venir aquí al mercado. No es nada fácil encontrar gente que quiera venir a vender.

¿Esto ha transformado la manera de trabajar del pescador tradicional?

Sí. Mucha gente ha acabado haciendo una sola cosa: o pescar o vender pescado. Hacer las dos cosas, como se hacía antes, ya casi no lo hace nadie.

¿Qué importancia tiene para ti que el mercado no cierre?

Es muy importante. Si tienes el mercado cerrado, la gente acabará yéndose a los supermercados, adonde ya va bastante. Lo que intentamos es no cerrar. Ha habido momentos en que otros han hecho vacaciones y yo he intentado venir casi cada día, aunque el pescado no sea de Menorca porque, cuando hace mal tiempo, esto pasa.

¿Cómo te organizas con el producto que vendes?

Yo trabajo con embarcaciones de artes menores y de arrastre. El pescado de aquí voy a buscarlo el mismo día y lo pesamos aquí mismo. Después también traigo pescado de fuera. Es necesario. Trabajamos con un mayorista, compramos en Barcelona, que también abastece a restaurantes. A veces, si no hay pescado local, tienes que apañarte con eso.

¿Siempre hay pescado de Menorca disponible?

No. Con el barco de arrastre normalmente me apaño, pero con la embarcación pequeña depende mucho del tiempo. Si hace buen tiempo, sí. El año pasado, por ejemplo, tuvimos mucho pescado porque el invierno fue muy bueno. Pero si hace mal tiempo y las embarcaciones pequeñas no pueden salir, hay que trabajar con pescado de fuera.

¿Explicáis esto a los clientes?

Sí. Pero cuesta. La gente está muy acostumbrada a que siempre haya de todo, pero desde que se implantaron las restricciones de días de pesca ya no puede ser así. Hace ya cuatro o cinco años que esto no funciona de la misma manera, y es difícil explicar qué restricciones provocan esta falta de pescado, que no siempre se debe al mal tiempo.

¿Crees que la gente entiende las normativas actuales de pesca?

No demasiado. No entienden cómo en un pueblo tan pequeño se valora igual que si estuvieras en una zona de Valencia o de Cataluña. Hay normativas que al consumidor le cuesta mucho entender, sobre todo cuando ve que aquí no tienen demasiado sentido. Y, aunque genera frustración, nadie alza la voz.

¿Crees que la sociedad podría hacer algo más para defender el sector?

Es complicado. Quizás si se hiciera una manifestación o algo parecido, la gente respondería. Pero los pescadores ya han hecho huelgas y nosotros las hemos respetado. Al final son ellos quienes tendrían que dar un grito. Pero también sería de agradecer que la sociedad ayudara apoyándolos.

Tonia Pons Prats: «Si perdemos la Plaza del Mercado, perderemos también una manera de comprar y comer pescado»

¿Cuál es el perfil del cliente habitual de la pescadería?

Entre semana viene sobre todo gente mayor, mujeres de 50 o 60 años, gente que ya no trabaja y que está acostumbrada a comer pescado en casa. Los sábados viene la gente que trabaja. Entre semana es más gente que dispone de tiempo.

¿Y la gente joven?

La gente joven lo ve de otra manera. El consumo ha cambiado mucho.

¿También hay gente de fuera que compra pescado en el mercado?

Sí, y tenemos bastantes. Gente de fuera que se ha establecido aquí, sobre todo franceses. Con el pescado de invierno, de verdad, tenemos mucha suerte.

¿Y en verano, con el turismo?

Todavía más. Hay gente española que tiene casa aquí, cocina y compra mucho pescado. Y también italianos, franceses, gente que alquila apartamentos o viene dos semanas y compra pescado.

¿El mercado sigue teniendo ese atractivo especial?

Los mercados siempre atraen. En verano tienes otro ambiente, otra cosa, como otro ritual, aunque se haya ido perdiendo un poco.

¿En verano también cambia el tipo de pescado que llega al mercado?

Sí, mucho. Las embarcaciones de artes menores van a la langosta. Pescado no traen tanto. Traen rubios, rape… pero ya cuesta más traer pargos o dentones. El pescado cambia mucho.

¿Y eso obliga a depender más del pescado de fuera?

Sí o sí. En verano nadie da abasto solo con pescado de aquí. Hay que recurrir al de fuera, aunque después siempre haya producto para poder ofrecer variedad.

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