Ses Voltes Espai Gastronòmic, premio Foodies on Menorca al Mejor Menú del Día

Ses Voltes Espai Gastronòmic, premio Foodies on Menorca al Mejor Menú del Día

Míriam Triay / Ciutadella - Todo comenzó hace más de cuarenta años con el matrimonio formado por Paco Carrasco y Juana Florit. En la primera mitad de la década de los ochenta, abrieron una pequeña cafetería con un aire moderno para la época, con toques americanos. Al principio incluso había máquinas recreativas y juegos, además de una parte dedicada a heladería. Años más tarde, sus hijos, Carlos y Diego Carrasco Florit, continúan su legado. Ahora, con un espacio gastronómico consolidado, se han convertido en uno de los referentes de la gastronomía menorquina en Ciutadella.

Por esta trayectoria, por su adaptación del producto local, el cuidado de la cocina tradicional y el esfuerzo que implica su propuesta, Foodies on Menorca otorgó el premio al Mejor Menú del Día a Ses Voltes Espai Gastronòmic. Esta semana hablamos con su jefe de cocina y parte de la segunda generación al frente, Diego Carrasco.

¿Cómo recibisteis el premio?

Con mucha alegría y orgullo. Sobre todo por mi madre. Ella fue la primera cocinera del negocio, quien impulsó muchos cambios e innovaciones, y quien hizo posible todo esto. Sin ella, yo no habría encontrado el gusto por este oficio; fue ella quien me lo enseñó.

También por mis compañeros, por el equipo que formamos. Es un premio que también los reconoce a ellos, a nuestra segunda familia. La cocina exige muchas horas y mucho esfuerzo; por eso, que reconozcan tu trabajo siempre es una motivación extra.

¿Por qué crees que os lo otorgaron?

Supongo que por la pasión que ponemos al elaborar el menú. Innovamos, creamos y tratamos de hacerlo lo mejor posible cada vez. Aunque la carta también refleja nuestro amor por la cocina y por cuidar el legado y la innovación, el menú nos da más libertad y la posibilidad de variar mucho más. Ofrecemos platos vegetarianos, menorquines y exóticos, de cocinas de todo el mundo.

Además, se trata de un menú auténtico, ya que todo lo que ofrecemos lo elaboramos nosotros con respeto: son recetas propias que cuidamos día a día, excepto el helado y el pan, este último elaborado especialmente para nosotros por un panadero de Ciutadella.

Ofrecemos dos tipos de menú: el diario, con cinco platos diferentes, y el de fin de semana, con una degustación de primeros —dos fríos y dos calientes—, seguido de un pescado, una carne o un arroz. En ambos hay representación de la gastronomía menorquina, algo clave para nosotros.

¿Cómo definirías la evolución de la cocina de Ses Voltes?

Cuando este espacio nació, partíamos de una cocina tradicional muy clara, la de mi madre, basada en los platos más típicos de nuestra gastronomía. Nosotros la hemos modernizado con nuevas técnicas y la hemos fusionado con cocinas del mundo, como la latinoamericana o la asiática.

Para la gente de Ciutadella, este espacio siempre destacó por sus cocas o sus pizzas —quizás ahora ya no tanto—; pero para la gente de fuera, somos más reconocidos por el menú, los arroces y el trabajo con el producto local. Valoran que todo se elabore aquí y que ofrezcamos auténtica cocina menorquina.

¿Cómo describirías tu trayectoria en Ses Voltes?

Desde pequeño venía a ayudar siempre que podía. En verano trabajaba con mi madre en la cocina. Fue ayudándola y descubriendo este oficio que decidí estudiar hostelería en el IES Maria Àngels Cardona, en los primeros estudios de este tipo, que existieron en parte gracias a mi madre. No terminé el curso porque me necesitaban ya en los fogones.

Después trabajé en Cala en Blanes, en otro restaurante familiar, que dirigí tanto en cocina como en gestión general. Con el tiempo, decidimos que debía asumir la jefatura de cocina en Ses Voltes. Buscábamos un responsable y no encontrábamos a nadie adecuado, así que asumí el reto.

Ahora llevo muchos años aquí, con un equipo que ya es como familia, con trabajadores que llevan años a nuestro lado, tanto en cocina como en sala. Esto ha creado una estructura sólida y en sintonía. En verano somos nueve trabajadores y durante el año, cinco. Creo que eso transmite confianza y ganas de volver: la gente regresa a casa cuando viene a Ses Voltes, a un espacio conocido donde las caras son las mismas. El cliente sabe que encontrará lo de siempre, o un poco mejor, cada año.

Para terminar, ¿quieres añadir algo?

La cocina es un trabajo muy sacrificado, como bien saben nuestras parejas y nuestros hijos. Ser cocinero, para mí, no significa tener premios o salir en televisión. Serlo es respetar a los compañeros, formar un equipo y dar lo máximo para que los clientes disfruten de la experiencia de comer tus platos. Hacerlo siempre con pasión, disfrutar del proceso y hacer que los demás lo disfruten también.

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