Octubre baja la persiana de la temporada gastronómica

Octubre baja la persiana de la temporada gastronómica

Octubre vuelve a marcar en Menorca el final de una temporada turística que, para buena parte de la restauración situada en las urbanizaciones, comenzará a despedirse definitivamente entre los días 17 y 31. Son semanas de últimos servicios, de despedidas a los clientes habituales, de vaciar cámaras frigoríficas y despensas y de empezar a hacer balance después de meses intensos de trabajo.

El calendario no es igual para todos. Algunos establecimientos cerrarán sus puertas a mediados de mes, coincidiendo con el descenso más acusado de visitantes, mientras que otros prolongarán su actividad hasta el último fin de semana de octubre, aprovechando los vuelos, las reservas de última hora y una climatología que todavía permite disfrutar de las terrazas. Pero, al llegar Todos los Santos, buena parte de la restauración de las zonas turísticas habrá dado por finalizada la temporada.

Es un cambio que se percibe especialmente en las urbanizaciones de Ciutadella, pero también en el resto de la isla. Cala en Bosc, Son Xoriguer, Cala Blanca, Santandria, Los Delfines o Cala Morell, entre otros núcleos, comienzan progresivamente a recuperar la calma del invierno después de haber concentrado durante meses una importante actividad gastronómica.

Detrás de cada persiana que baja hay mucho más que una temporada terminada. Hay equipos de cocina y sala que han trabajado durante meses a un ritmo intenso, empresarios que han tenido que afrontar costes, personal, compras y previsiones, y proveedores locales que han mantenido una relación constante con restaurantes, bares y hoteles. El final de temporada también afecta a pescadores, agricultores, distribuidores, bodegas, queserías, panaderías y a toda una red que vive, directa o indirectamente, de la actividad turística.

Octubre es también un buen momento para observar cómo ha cambiado la manera de comer de los visitantes. Si cada vez existe un mayor interés por conocer el producto menorquín, buscar platos tradicionales, probar quesos de la isla, pescado local, carne de Menorca o vinos elaborados aquí, o si ocurre todo lo contrario.

Cuando las urbanizaciones apaguen sus fogones, la actividad gastronómica volverá a trasladarse principalmente a los pueblos, donde los restaurantes abiertos durante todo el año asumirán el protagonismo de los meses de otoño e invierno.

Termina, pues, otra temporada. Es tiempo de descanso para muchos profesionales, pero también de reflexión, mantenimiento, reformas y preparación. Porque detrás de una puerta que se cierra en octubre ya se empieza, casi sin darnos cuenta, a pensar en la primavera siguiente.

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