Foodies on Menorca
Bep Al·lès/Ciutadella - Además de la célebre langosta, icono indiscutible de la gastronomía menorquina, el mar que rodea la isla guarda otros tesoros que merecen ocupar un lugar de honor en cualquier mesa gourmet. Entre ellos destacan los mejillones del puerto de Mahón, de una calidad excepcional y un sabor profundamente marino, y las gambas rojas de Ciutadella, una auténtica delicadeza capaz de competir con las más prestigiosas del Mediterráneo, como las de Palamós, Dénia o Sóller.
Los mejillones del puerto de Mahón son uno de los productos más singulares de la isla. Las particulares condiciones de este puerto natural, uno de los más grandes de Europa, favorecen una crianza que dota a estos moluscos de una textura carnosa y un sabor intenso, elegante y equilibrado. Degustarlos al vapor, recién salidos de la cazuela y acompañados de la salsa más universal de Menorca, la mahonesa, es una experiencia que conecta directamente con la esencia culinaria de la isla. Sin embargo, sus posibilidades gastronómicas van mucho más allá: a la menorquina, gratinados con pan rallado y un ligero sofrito; con tomate; salteados; o simplemente a la plancha con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra.
Si los mejillones representan la tradición marinera del levante menorquín, la gamba roja de Ciutadella es la gran joya gastronómica del poniente. Capturada en aguas profundas al norte del Cap de Banyos, entre Menorca y Mallorca, destaca por su intensidad aromática, la delicadeza de su carne y una extraordinaria concentración de sabor. Es un producto que resume como pocos la riqueza de los fondos marinos del Mediterráneo occidental.
Muchos cocineros y aficionados coinciden en que la gamba aporta a las calderetas una profundidad gustativa incluso superior a la de la langosta. Sin embargo, es en las elaboraciones más sencillas donde revela toda su grandeza: frita, a la plancha o aliñada con una picada de aceite de oliva, ajo y perejil. También resulta memorable cocinada al horno con patatas, en el tradicional perol menorquín, una receta que sigue reuniendo a familias y amigos alrededor de la mesa.
La gastronomía menorquina también es memoria. Todavía hoy se recuerdan elaboraciones como las que preparaba el mítico Bep de l’Iris, inspiradas en los años dorados del turismo de calidad. En el antiguo hotel Ses Voltes de Santandria, los maîtres terminaban algunos platos delante de los clientes con sus carros de flameado, convirtiendo cada servicio en un espectáculo de profesionalidad, elegancia y hospitalidad.
Estas páginas quieren ser una invitación a descubrir y reivindicar dos productos extraordinarios que forman parte del patrimonio culinario de Menorca. Una excusa perfecta para visitar el mercado, llenar la cesta con producto local, ponerse el delantal y cocinar para quienes queremos. Porque la cocina es mucho más que alimentación: es cultura, identidad, generosidad y afecto. Cada receta compartida es una forma de preservar una herencia gastronómica única y de seguir transmitiendo el amor por una tierra que ha hecho del mar una de sus principales fuentes de inspiración.