El Figat, la confitura de higos, una tradición de la despensa menorquina

El Figat, la confitura de higos, una tradición de la despensa menorquina

Antiguamente, la gente del campo aprovechaba mucho más que ahora la higuera, porque los higos se secaban, como todavía se hace en Mallorca, o se conservaban en tarros con semillas de hinojo. También se preparaban tarros de higos confitados y, en la cocina, no solo servían para elaborar cocas o para cocinarlos al horno con semillas de anís, sino que existía todo un ritual en torno a la elaboración de la confitura de higos, una conserva muy apreciada por los menorquines que sirve para acompañar el queso viejo, rellenar pasteles y pastelitos, o para el desayuno o la merienda sobre una buena rebanada de pan de payés.

Era costumbre en las fincas rurales reunirse para preparar la confitura de higos, una jornada que solía terminar con una buena fiesta o merienda. Los higos se trituraban con una máquina especial o con la máquina de picar carne y, después, la pasta se mezclaba con semillas de anís, corteza seca de melón y de naranja, si se disponía de ellas. En una gran caldera se iba cocinando a fuego muy lento durante tres o cuatro horas, removiéndola continuamente con una gran pala de madera, que cada payés o madona tenía reservada para preparar esta conserva. Después se envasaba en tarros y servía como provisión para todo el año.

Hoy todavía podemos encontrar tarros de confitura de higos en muchas pequeñas tiendas de la isla, y los menorquines solemos hacer provisión para acompañar, como ya hemos dicho, nuestro queso viejo o curado, consiguiendo así esa combinación de dulce y salado que tanto nos gusta y que forma parte de nuestra manera de entender la gastronomía.

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