Jaume Moll Florit: “La realidad del campo es trabajar de sol a sol y asumir sacrificios constantes”

Jaume Moll Florit: “La realidad del campo es trabajar de sol a sol y asumir sacrificios constantes”

CM./Alaior - Jaume Moll Florit (Ciutadella, 1960) preside desde 2022 la Asociación Frisona Balear, entidad que agrupa actualmente a 112 ganaderos de las Islas. Con toda una vida dedicada al campo y más de tres décadas al frente de la finca Son Bou Vell, es una de las voces más experimentadas y respetadas del sector agrario menorquín. Aunque ya está jubilado, continúa estrechamente vinculado a la actividad ganadera, hoy en manos de su hijo, que ha dado continuidad a la tradición familiar.

La Feria del Campo ha evidenciado este año un ligero incremento del ganado frisón tras varios años de descenso. Aun así, Moll advierte de que las dificultades estructurales del sector siguen plenamente vigentes.

“El principal problema es que todos los costes continúan aumentando”, explica. “El encarecimiento del petróleo repercute directamente en el transporte marítimo, en los piensos y en prácticamente todas las materias primas que necesitamos. Esto acaba afectando gravemente a la ganadería”.

El presidente de Frisona Balear considera especialmente preocupante la reducción progresiva del número de explotaciones lecheras en Menorca, a pesar de que puntualmente pueda crecer el número de cabezas de ganado. “Cuando las explotaciones van cerrando, es evidente que el sector no evoluciona en la buena dirección. Cada año hay menos fincas y esto es un goteo constante”.

Según señala, la insularidad continúa siendo uno de los grandes lastres para la competitividad del campo menorquín. “Aquí lo pagamos todo mucho más caro que en la Península. El transporte nos condiciona completamente: pagamos más por importar alimentación animal, abonos o cualquier material necesario para la explotación, pero también cuando tenemos que sacar producto fuera de la isla”.

Moll lamenta que esta dependencia del transporte marítimo sitúe a los agricultores y ganaderos menorquines en una clara situación de desventaja respecto a otros territorios productores. “Los fletes nos asfixian. No podemos competir en igualdad de condiciones porque los costes estructurales son muy superiores”.

A esta situación se suma ahora la decisión de Quesería Menorquina de reducir un 6% el precio de la cuajada que paga a las explotaciones de la isla. Una medida que, según el presidente de la entidad, tendrá consecuencias directas sobre muchas fincas.

“Hay explotaciones que se dedican principalmente a producir cuajada y esta bajada representa una pérdida muy importante de ingresos”, afirma. “Los gastos seguirán siendo los mismos, pero los beneficios disminuirán todavía más”.

En cuanto al precio de la leche, Moll insiste en que el problema es estructural e histórico. A pesar de las mejoras puntuales derivadas del Plan Provilac, Menorca sigue cobrando el litro de leche por debajo de la media estatal.

“Los costes de producción aquí son mucho más elevados y, sin embargo, el precio que recibe el ganadero suele ser inferior al de la Península e incluso al de Mallorca. Es una situación recurrente de la que cuesta mucho salir”.

A pesar de las dificultades, el presidente de Frisona Balear defiende la importancia de seguir apostando por la mejora técnica y genética de las explotaciones. En este sentido, considera muy positiva la subvención pública destinada al semen frisón.

“Esto permite a los ganaderos acceder a una mejor genética y trabajar con animales más longevos y eficientes”, explica. “En Menorca tenemos uno de nuestros puntos fuertes precisamente en la longevidad de las vacas, que aquí duran casi el doble. Esto reduce la necesidad de recría y ayuda a mantener la rentabilidad”.

Moll también reivindica una revisión profunda del Régimen Especial para Baleares (REB) para compensar los sobrecostes derivados de la insularidad. “Siempre decimos que mientras en la Península tienen autopistas y grandes infraestructuras, nosotros tenemos el mar. El problema es que esa ‘carretera’ nos cuesta muchísimo dinero”.

En su opinión, eliminar o reducir sustancialmente el coste del transporte sería determinante para garantizar la viabilidad del sector. “Si pudiéramos competir en igualdad de condiciones, probablemente no harían falta muchas de las ayudas actuales porque las explotaciones serían más rentables por sí mismas”.

A pesar del buen ambiente vivido durante la Feria del Campo, Moll recuerda que la realidad cotidiana de los ganaderos es mucho más dura de lo que a menudo se percibe desde fuera. “La pasión por el trabajo existe y es muy real. Se ha visto a mucha gente joven con ganas de continuar, pero la gran pregunta es si realmente podrán vivir de ello”.

Para el presidente de la Asociación Frisona Balear, el futuro del relevo generacional dependerá directamente de la viabilidad económica de las explotaciones. “Si el sector no es viable, llega un momento en que la pasión no basta. Sería muy triste que la gente joven no pudiera dedicarse a lo que realmente ama”.

También reivindica una mayor conciencia social sobre las exigencias del trabajo en el campo. “La Feria es una fiesta, pero al día siguiente la realidad es otra: frío, viento, lluvia, dificultades constantes y jornadas muy largas. La realidad del campo es trabajar de sol a sol y asumir muchos sacrificios, a menudo sin tener ni un día libre”.

Finalmente, Moll defiende que tradición e innovación deben avanzar juntas para garantizar el futuro de la ganadería menorquina. “No podemos quedarnos parados. Debemos conservar nuestras raíces, pero al mismo tiempo adaptarnos y modernizarnos para seguir siendo competitivos. Lo más importante es que la gente pueda decidir ser agricultora o ganadera con la garantía de poder vivir dignamente de su trabajo”.

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