Foodies on Menorca
C.M./Ferreries - Con más de ciento treinta años de historia y cinco generaciones a sus espaldas, el Forn Ca’n Marc de Ferreries es hoy uno de los grandes guardianes de la tradición panadera menorquina. Premio Foodies 2025 al mejor horno/pastelería, el negocio mantiene vivo un legado que combina artesanía, producto local y recetas emblemáticas del municipio. Junto a sus dos primos, Sebastià Pons Marquès y Bep Martí Pons, Marc Pons Pallicer (Ferreries, 1989) representa la nueva generación que impulsa este obrador icónico.
¿Cómo ha evolucionado el horno a lo largo de cinco generaciones y qué valores familiares os han permitido mantener el negocio vivo?
Este año hemos tenido la desgracia de perder a mi padre (Marc Pons Florit) a causa de una enfermedad. Los valores son los mismos que él nos enseñó: ser fuertes, respetar el oficio, trabajar con humildad y no rendirnos nunca.
¿Qué ha supuesto para vosotros este reconocimiento, especialmente para una empresa familiar con una trayectoria tan larga?
Estamos muy contentos y agradecidos por el premio. Trabajamos cada día con mucha dedicación y cariño, y los clientes nos lo devuelven. Recibir este reconocimiento es una gran alegría y un impulso para seguir trabajando como lo hacemos.
Como representante de la quinta generación del obrador, ¿cuáles son los retos y la motivación para continuar con la herencia?
Uno de los principales retos es la competencia del sector industrial. Todos los productos que ofrecemos son elaborados por nosotros; prácticamente no vendemos nada que no sea propio. Hoy en día se encuentra de todo en cualquier lugar, tanto en supermercados como en gasolineras. Eso obliga a competir con precios más bajos, y la única manera de hacerlo es a través de la calidad.
Ca’n Marc ofrece una amplia gama de productos típicamente menorquines —coques dulces y saladas, formatjades, crespells, flaons, ensaimadas o panecillos de viena con sobrasada—. ¿Cuál es vuestro producto más emblemático desde el punto de vista de la tradición menorquina?
Quizá la coca bamba. Es uno de los productos que más vendemos y por el que más nos reconoce la gente. Viene gente de toda Menorca expresamente a buscarla. Es difícil escoger un solo producto, pero las coquetes y los rubiolets tradicionales también son nuestros grandes referentes.
Entre las elaboraciones menos conocidas fuera de Menorca, como los mocadorets, propios de Ferreries, ¿cuál es vuestro papel y cómo ayudan estos productos a mantener viva la tradición local?
Siempre los hemos elaborado, siempre lo haremos y siempre de la misma manera. Hoy en día abundan los rellenos industriales en la pastelería, pero nosotros, por respeto a la tradición, debemos seguir elaborando nuestros productos como siempre. Hacemos nosotros mismos los rellenos y todo el proceso. Creemos que este es el camino para respetar el producto y mantener viva la tradición.
«Quizá nuestro producto más emblemático, si hablamos de tradición menorquina, es la coca bamba. Es uno de los productos que más vendemos. Viene gente de toda Menorca a buscarla»
Con tanta historia, las técnicas de elaboración habrán evolucionado. ¿Cómo compagináis la tradición artesanal con las exigencias modernas?
Con el paso de los años, las técnicas han cambiado un poco. Disponemos de maquinaria que antes no teníamos y que nos facilita el trabajo. Sigue siendo un proceso artesanal, pero no es lo mismo estirar una masa a mano que contar con una máquina de apoyo. En productos de fermentación larga, como las ensaimadas mallorquinas, las cámaras frigoríficas y de fermentación son una ayuda fundamental.
¿Adaptáis las recetas según la temporada o las festividades?
Siempre mantenemos la misma línea, aunque hay productos que solo elaboramos en determinadas épocas del año o vinculados a tradiciones concretas.
¿Qué relación tenéis con el turismo y cómo influye en vuestra producción?
El turismo se nota muchísimo. Viene mucha más gente y los visitantes valoran mucho poder encontrar producto típico. Suelen pedir muchas ensaimadas y coques saladas.
La transición generacional en negocios familiares tan antiguos no siempre es fácil. ¿Cuáles han sido los momentos más difíciles?
Este ha sido un año especialmente duro por la pérdida de mi padre. Él se encargaba del trabajo nocturno, especialmente del pan, y ahora hemos tenido que incorporar a otra persona. Ha sido un cambio difícil e inesperado.
A pesar de la tradición, muchos hornos innovan. ¿Habéis introducido novedades en los últimos años?
La quinta generación siempre ha intentado introducir novedades. Hemos visto que los clientes habituales lo agradecen: carrot cake, cruasanes con nuevos formatos o panes de semillas, por ejemplo.
Si tuvierais que definiros con un solo concepto, ¿cuál sería?
Me quedaría con “tradición”. Siempre hemos respetado los productos que elaboramos aquí. Muchos procesos los seguimos haciendo a mano y con el menor nivel de manipulación industrial posible.
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