Foodies on Menorca
El primer paso consiste en pedir en la pescadería o en el mercado que preparen las arañas para facilitar su manipulación posterior.
Se pelan las patatas y se ponen a hervir. Cuando la cocción esté aproximadamente a mitad de proceso, se añade el pescado entero, sin olvidar la cabeza, que es precisamente la parte que aporta más sabor al conjunto. Cuando todo esté cocido, aproximadamente después de veinticinco minutos, se retira del fuego, se escurre y se deja enfriar ligeramente.
Una vez templado, se retiran con cuidado todas las espinas del pescado, especialmente abundantes en esta especie, y también se aprovecha la carne de la cabeza. Con un tenedor se aplastan conjuntamente el pescado y las patatas hasta obtener una masa homogénea semejante a un puré. Algunas familias añaden unas cucharadas del mismo caldo de cocción para facilitar el trabajo y potenciar el sabor.
A continuación se incorporan los huevos batidos y se mezcla bien todo el conjunto. Con la masa resultante se forman albóndigas que se pasan por pan rallado antes de freírlas hasta que queden doradas.
Como sucede a menudo en la cocina tradicional, cada casa tiene su propia versión. Hay quien prefiere hervirlas o guisarlas con un sofrito en lugar de freírlas. Otros sustituyen los huevos por una bechamel espesa o aromatizan el pan rallado con ajo, perejil o pimentón. La misma receta también puede elaborarse con otros pescados populares como la pintarroja, el gerret o la salpa.
En un momento en que la gastronomía recupera especies tradicionales y reivindica la cocina de proximidad, la araña vuelve a ocupar el lugar que merece. Lejos de las grandes estrellas comerciales del mercado, sigue ofreciendo algunas de las mejores cualidades para la cocina de caldo y de aprovechamiento.
Las albóndigas de araña son mucho más que una receta antigua. Son el testimonio de una manera de entender la cocina basada en el respeto por el producto, la economía doméstica y el conocimiento acumulado durante generaciones de pescadores y cocineras de Menorca.