Foodies on Menorca
Bep Al·lès/Alcaufar - Un cartel turístico de los años cincuenta nos devuelve a los inicios del turismo menorquín y al Hotel Xuroy de Alcalfar, pionero de los hoteles de playa de la isla y heredero de una historia en la que alojamiento, paisaje y gastronomía siempre han ido de la mano.
Hay carteles que son mucho más que publicidad. Son documentos de una época. El del Hotel Xuroy de Alcalfar, con aquella Menorca anunciada en francés como “L’île blanche et bleue”, nos transporta a los años en que la isla empezaba a descubrir el turismo internacional. En la parte inferior, una promesa gastronómica destacaba por encima de todas: “Préparation soignée de la typique Caldera de Langosta”. Menorca ya seducía a través del paisaje, pero también de la mesa.
La historia del Xuroy había comenzado, de hecho, antes de la llegada de los primeros turistas extranjeros. Las investigaciones sobre los inicios del turismo menorquín sitúan la apertura del bar restaurante Xuroy en junio de 1947, impulsado por Antoni Parpal, Rafael Roselló y Serafí Alzina. Era un establecimiento a orillas de la playa abastecido con pescado y marisco de la misma costa: meros, gambas, centollos, cigalas y langostas ayudaron a construir su primera reputación gastronómica. Josep Pla ya mencionaba el restaurante y Alcalfar en su guía publicada en 1950.
El gran salto llegaría en 1954. La propia empresa y Visit Menorca sitúan aquel año la llegada de los primeros huéspedes y consideran el Xuroy el primer hotel de playa de Menorca. Los primeros turistas británicos llegaban en aviones procedentes de Londres y eran trasladados desde el aeródromo de Sant Lluís hasta Alcalfar, en una Menorca donde el turismo era todavía una actividad casi exótica.
Siete décadas después, el Xuroy continúa mirando hacia la misma cala de casas blancas, pequeños embarcaderos y aguas protegidas. El actual Hostal Xuroy mantiene su ubicación privilegiada prácticamente sobre la arena, con habitaciones, piscina y una terraza que sigue siendo una de sus grandes señas de identidad.
Pero lo que resulta especialmente interesante desde el punto de vista del turismo gastronómico es la continuidad del restaurante. El Xuroy actual declara una apuesta por el producto fresco, los proveedores locales y la cocina mediterránea, con una especialización marcada en los arroces y el pescado fresco de Menorca. Su carta conserva este vínculo con el mar: encontramos mejillones y gambas de Menorca, calamar, rape, fritura de pescado fresco, arroces marineros y, todavía hoy, caldereta de langosta de Menorca por encargo.
Así, aquella caldereta anunciada a los visitantes franceses hace más de medio siglo establece un hilo invisible con el presente. El Xuroy es una muestra de cómo el turismo menorquín nació también alrededor de una mesa: una terraza frente al mar, el pescado recién llegado, una langosta dentro de la cazuela y una cala que, a pesar del paso de los años, continúa siendo parte esencial de la experiencia.
Ir hoy al Xuroy es, en cierto modo, sentarse a comer dentro de la historia del turismo de Menorca.
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