Último Martes de Carnaval: las brasas que vacían Ciutadella y encienden la memoria

Último Martes de Carnaval: las brasas que vacían Ciutadella y encienden la memoria

Bep Al·lès/Ciutadella -Ayer, martes 17 de febrero, el núcleo urbano de Ciutadella quedó prácticamente vacío a partir del mediodía. No era ningún misterio: la gente hizo lo que toca cuando llega el Último Martes de Carnaval. Salir al campo, hacia las urbanizaciones, hacia cualquier rincón con brasas vivas y buena compañía. Y en el centro de todo, como siempre, una liturgia de humo y grasa feliz: la sobrasada a la brasa, además de las comidas tradicionales como las greixeres de cerdo, los crespellets, las greixeres de boniato y las carnes a la brasa.

Para los foodies, este día es un máster acelerado de aromas: el perfume dulce del pimentón que se eleva con la llama, la textura que pasa de firme a cremosa cuando la sobrasada “suda” justo en su punto, y ese contraste perfecto con pan tostado que cruje y, a la vez, se empapa. Hay quien añade un hilo de miel, hay quien le pone queso de la isla para que se funda, y quien defiende la pureza absoluta: sobrasada, pan y brasa, sin adornos. Todas las versiones tienen algo en común: Menorca hecha bocado.

Ahora bien, también es lamentable y preocupante que algunos quieran rebautizar el Último Martes de Carnaval como “Día de la sobrasada”. No es solo una cuestión de palabras: es memoria colectiva, calendario popular e identidad. La sobrasada es una de las protagonistas, quizás la principal, pero el nombre tradicional “Último Martes” explica mucho más que un producto: explica una manera de vivir el último día de Carnaval, de reunirse y de celebrar el final del ciclo de los Últimos Días del Carnaval con fuego, pan y buena compañía. Mantengamos el nombre de Último Martes, y que las generaciones venideras sigan hablando y reuniendo a amigos y familias en torno a una sobrasada a la brasa.

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