Trempó, no trampó; mahonesa, no mayonesa. Cuando las palabras también son patrimonio gastronómico

Trempó, no trampó; mahonesa, no mayonesa. Cuando las palabras también son patrimonio gastronómico

Bep Al·lès/Ciutadella - La gastronomía no es solo aquello que comemos. Es también cultura, historia, territorio, memoria y lengua. Los nombres de los platos nos explican de dónde venimos y, muchas veces, nos dan pistas sobre la manera en que nuestros antepasados cocinaban, aliñaban o conservaban los alimentos. Por ello es importante llamar a las cosas por su nombre. Y uno de los ejemplos más evidentes lo encontramos en el trempó mallorquín, que demasiadas veces aparece escrito en los menús de restaurantes, cartas turísticas e incluso en las panaderías como «trampó».

El trempó es una de las ensaladas más representativas de la cocina mallorquina, elaborada tradicionalmente con tomate, pimiento verde, cebolla y, también, algunos le añaden alcaparras y pimiento rojo, todo cortado en pequeños trozos y convenientemente aliñado con aceite de oliva, un poco de vinagre y sal. Precisamente aquí encontramos el origen de su nombre: trempó deriva de trempar, es decir, aliñar, dar el punto adecuado a los ingredientes para que el conjunto tenga equilibrio y sabor.

Por tanto, escribir «trampó» no es una simple variante simpática o popular del nombre. Es desconectar el plato de la palabra que explica su esencia. Si trempam esta variedad de ensalada, comemos trempó. «Trampó» no nos explica nada gastronómicamente y es una deformación que se ha ido extendiendo, probablemente favorecida por una reproducción incorrecta del término en cartas y menús.

Trempó, no trampó; mahonesa, no mayonesa. Cuando las palabras también son patrimonio gastronómico

Lo mismo sucede con otra palabra que desde Menorca deberíamos reivindicar con especial convicción: mahonesa. Demasiadas veces escribimos «maionesa o mayonesa», olvidando la vinculación histórica de la salsa con Maó y con el episodio de la conquista francesa de Menorca en 1756. La tradición relaciona la popularización de la salsa con la toma del puerto de Maó por las tropas francesas comandadas por el duque de Richelieu, y de ahí la denominación mahonnaise, posteriormente transformada en mayonnaise en francés.

Podemos discutir —y los historiadores e investigadores de la gastronomía lo han hecho largamente— sobre los detalles exactos del nacimiento de la salsa, pero lo que resulta indiscutible es la fuerza de su vinculación histórica y etimológica con Maó y con Menorca. Por ello, utilizar mahonesa es también una manera de preservar y reivindicar este patrimonio.

Y con el trempó sucede exactamente lo mismo. Cuando una panadería anuncia una coca de trempó, no solo está vendiendo una coca. Está manteniendo vivo un nombre, una receta y una manera mediterránea de entender la cocina.

Las palabras también forman parte del recetario. Preservarlas es preservar nuestra cultura gastronómica. Por tanto, reivindiquémoslo sin complejos: trempó, no trampó; mahonesa, no mayonesa. Porque también en la mesa, cada palabra cuenta.

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