Tener gínjols (azufaifas)

Tener gínjols (azufaifas)

Bep Al·lès / Ciutadella – Cuando llegaba el mes de septiembre era tiempo de volver a la escuela, de reencontrarte con aquellos amigos, pocos, que no habías visto durante el verano. Era regresar a la rutina después de unos meses de campamentos en La Vall, de fiestas de pueblo, de guateques en alguna casa cuando los padres no estaban… Era tiempo de libros en las maletas colgadas a la espalda –todavía no eran mochilas–, de ir a la escuela en bici y, también, aquel inicio de curso era tiempo de comer azufaifas.

Los que rondamos la sesentena sentíamos pasión por las azufaifas, y se notaba con los huesos que había en el patio del colegio o por las calles de alrededor. Yo recuerdo que las iba a comprar a la tienda de Ñi-ñá a la hora del “recreo” y, más de una vez, al salir de clase, nos reuníamos unos cuantos para ir a coger azufaifas, que aún eran mejores que las compradas.

Tiempo de recuerdos, buenos y malos, pero recuerdos al fin.

Hoy en día todavía hay tiendas de comestibles, pocas, y algún supermercado de la capital menorquin que vende azufaifas, pero ¡Dios mío a qué precio!, más de 6 euros el kilo. Si nos hubieran dicho que pagaríamos más de 1.000 pesetas por un kilo de azufaifas, creo que más de uno habría pensado en comprar un huerto y sembrarlo de azufaifos.

Tener gínjols (azufaifas)

Según la enciclopedia, “la azufaifa es una drupa comestible de forma elipsoidal o globosa, de color rojizo o marronáceo cuando está madura, que se produce hacia septiembre, y con un solo hueso. Es muy similar a una ciruela en apariencia, pero su sabor recuerda más bien al de la manzana.

Las azufaifas son ricas en azúcares y mucílagos y contienen una importante cantidad de vitamina C. Son apreciadas por su valor nutritivo como fruta, natural o seca. La forma de hacer preparaciones culinarias con azufaifas es similar a la de las manzanas y también las ciruelas. Es uno de los frutos de la dieta mediterránea tradicional y ha sido mencionado por Heródoto. La azufaifa fue el símbolo del silencio en la antigua Roma y se utilizaba en los templos de la Prudencia. En la región de Emilia-Romaña se plantaba un azufaifo en la zona soleada para traer fortuna. En Menorca, cada casa tenía un azufaifo en el patio y se recogían los frutos y se dejaban secar para después elaborar un jarabe que se utilizaba para combatir la tos y las afecciones de garganta.

Según Plinio, las azufaifas eran muy apreciadas como laxante suave y se conservaban al abrigo del aire dentro de cajas de madera de haya o de tilo.

Tener gínjols (azufaifas)

Aunque actualmente su consumo es muy reducido en las zonas urbanas, todavía es costumbre comer azufaifas en otoño en nuestras islas, así como en el Bajo Ebro y Montsià, en muchos lugares rurales del País Valenciano y en la región de Murcia. Con la azufaifa se puede preparar el alioli de azufaifa, muy adecuado para acompañar verduras hervidas. También hay quien las hace al horno, como las manzanas, además de confituras, jarabes e incluso en Italia, en la región del Véneto, se elabora un licor de azufaifa llamado brodo di giuggiole. También en la cultura popular se hace un símil entre las azufaifas y los testículos, con dichos como “Tener azufaifas”, “Qué azufaifas tienes” o “No tienes azufaifas”, pero estas no entran en nuestro apartado de gastronomía, donde sí podemos reivindicar la recuperación de la costumbre de comer azufaifas, una pequeña fruta otoñal muy nuestra.

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