Foodies on Menorca
La reciente reunión impulsada por la presidenta del Govern balear, Marga Prohens, con algunos de los cocineros más reconocidos de las Islas ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda: Menorca continúa invisibilizada en los grandes relatos institucionales de la gastronomía balear.
El encuentro, celebrado en el Consolat de Mar y presentado como un espacio estratégico para definir el futuro del sector, reunió exclusivamente a chefs vinculados a restaurantes con estrella Michelin o con una fuerte proyección mediática. Ninguno de ellos, sin embargo, procedía de Menorca. Una ausencia que no es casual ni anecdótica, sino el reflejo de un modelo que asocia calidad y excelencia únicamente con los sellos de las grandes guías internacionales.
Este enfoque deja fuera una parte esencial del tejido gastronómico balear. Menorca, con una sólida tradición culinaria, producto local de gran calidad y una generación de cocineros con talento contrastado, no cuenta actualmente con ninguna estrella Michelin. Pero ello no implica, en ningún caso, una falta de nivel. Al contrario: muchos profesionales de la isla trabajan con rigor, creatividad y arraigo al territorio, a menudo con propuestas tan o más auténticas que las de los establecimientos distinguidos.
El problema radica en el criterio de selección. Si la representatividad institucional se construye únicamente a partir de reconocimientos externos, se perpetúa un desequilibrio territorial y se refuerza una narrativa sesgada que penaliza a islas como Menorca. La gastronomía no son solo estrellas, sino también identidad, sostenibilidad y cohesión territorial.
Diversas voces del sector han expresado en privado su malestar por esta exclusión, que consideran una oportunidad perdida para mostrar la diversidad real de la cocina balear. “No se puede hablar de un modelo gastronómico de país dejando fuera a toda una isla”, apuntan fuentes consultadas.
Esta situación obliga a una reflexión profunda: ¿qué modelo quiere impulsar el Govern? ¿Uno basado en el escaparate internacional y los grandes nombres, o uno que integre todo el territorio y valore el talento más allá de las etiquetas?
Mientras tanto, Menorca continúa cocinando en silencio. Sin estrellas Michelin, pero con una luz propia que, por ahora, las instituciones parecen no querer ver.
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