Foodies on Menorca
Bep Al·lès/Ciutadella - Las capturas de gamba blanca se han convertido este verano en una de las novedades más destacadas de la actividad pesquera de Menorca. Las embarcaciones de arrastre están llevando a puerto cantidades superiores a las habituales, mientras que la gamba roja, una de las especies más valiosas y representativas de las lonjas de Ciutadella y Maó, ha disminuido de manera considerable en muchas jornadas de pesca.
La situación dibuja un cambio importante dentro de las capturas estivales. La gamba blanca, más pequeña, de tonalidad pálida y con un precio generalmente inferior, está ganando protagonismo en los mercados y pescaderías. En cambio, la gamba roja menorquina, buscada especialmente por restaurantes y consumidores durante la temporada turística, llega con mayor irregularidad y en cantidades más limitadas.
Esta realidad no significa necesariamente que una especie esté sustituyendo directamente a la otra. La gamba blanca y la gamba roja pueden compartir una parte del área de actividad de la flota, pero presentan hábitats, profundidades y comportamientos biológicos diferentes. Por tanto, conviene ser prudentes antes de establecer una relación directa entre el aumento de una y el descenso de la otra.
La mayor presencia de gamba blanca se enmarca en un fenómeno más amplio que los científicos definen como «meridionalización» del Mediterráneo. El aumento progresivo de la temperatura marina favorece que especies habitualmente más abundantes en aguas meridionales amplíen su distribución hacia el norte y encuentren nuevos espacios donde alimentarse y reproducirse.
La gamba blanca es una especie comercial propia de fondos fangosos y arenosos. Se captura mediante pesca de arrastre y puede aparecer desde profundidades relativamente moderadas hasta zonas próximas a los 400 metros. Tiene un ciclo vital más corto que otros crustáceos y una elevada capacidad reproductiva, dos factores que pueden facilitar aumentos rápidos de población cuando las condiciones ambientales son favorables.
El hecho de que las aguas menorquinas sean cada vez más cálidas durante períodos más largos podría estar favoreciendo su consolidación. No obstante, la temperatura no es el único elemento que explica las capturas. También influyen las corrientes, la disponibilidad de alimento, el tipo de fondo, la reproducción de cada temporada y las zonas concretas en las que pueden trabajar las embarcaciones.
Cuando una especie encuentra unas condiciones adecuadas, puede reproducirse con mayor éxito y ocupar progresivamente nuevos caladeros. Este proceso no siempre es visible de un año para otro, pero acaba teniendo consecuencias sobre la composición de las capturas y sobre la actividad de las lonjas.
Desde el punto de vista comercial, la gamba blanca ofrece una alternativa interesante. Es una especie de menor tamaño que la gamba roja grande, pero tiene una carne sabrosa y una gran versatilidad culinaria. Se puede preparar hervida, a la plancha, frita, al ajillo o incorporarse a arroces, calderetas, fideos y platos de cocina marinera.
Su precio suele ser más bajo que el de la gamba roja, lo que facilita su entrada en los hogares y en los establecimientos de restauración. En un verano marcado por el encarecimiento general de los productos frescos, una captura local abundante y relativamente asequible puede encontrar una buena acogida entre los consumidores.
Esta abundancia, sin embargo, también plantea un reto comercial. Cuando las embarcaciones llevan mucha gamba blanca a la lonja en una misma jornada, la oferta puede superar la demanda inmediata y presionar los precios a la baja. Para el pescador, capturar más kilos no siempre significa obtener un mayor rendimiento económico, especialmente teniendo en cuenta el coste del combustible, el mantenimiento de las embarcaciones y las limitaciones de los días de pesca.
La disminución estival de las capturas de gamba roja contrasta con las informaciones de comienzos de año. En el mes de marzo, pescadores e investigadores de la Estación de Investigación Jaume Ferrer señalaban una recuperación del recurso en las aguas de Menorca. Aquella mejora no impide que las capturas puedan variar mucho de una estación a otra o que, durante determinadas semanas, las embarcaciones encuentren menos concentraciones en los caladeros habituales.
La gamba roja vive habitualmente a mayor profundidad que la blanca y realiza movimientos relacionados con la reproducción, la alimentación, la temperatura y las masas de agua. Una menor captura no implica automáticamente que la población haya descendido en la misma proporción. Puede indicar que los ejemplares se han desplazado, que se encuentran más dispersos, que las embarcaciones han dedicado menos jornadas a sus caladeros o que las condiciones oceanográficas han dificultado su localización.
También hay que tener presente el marco regulador. La pesca de gamba roja está sometida a límites de capturas y a limitaciones de jornadas de actividad. Para 2026, el sector balear ha mostrado su desacuerdo con la combinación de cuotas en kilos y reducción de los días de pesca, porque considera que no refleja adecuadamente la situación diferenciada del caladero de las Islas. El Govern balear sostiene, a partir de los informes del Instituto Español de Oceanografía, que esta pesquería ya se explotaba de manera sostenible en el año 2023.
Estas restricciones pueden modificar la estrategia de las embarcaciones. Cuando no se puede dedicar todo el esfuerzo a la gamba roja, las embarcaciones trabajan otras profundidades y buscan especies alternativas, entre las que ahora destaca la gamba blanca. Esto también puede contribuir a incrementar su presencia en las lonjas.
La campaña de este verano muestra hasta qué punto la pesca es una actividad condicionada por un medio cambiante. La abundancia de gamba blanca puede representar una oportunidad para diversificar el producto local, pero la disminución de la gamba roja genera preocupación porque afecta a una especie de gran valor económico y gastronómico.
Todavía es pronto para saber si la situación es estrictamente estacional o si forma parte de un cambio más profundo dentro de los ecosistemas marinos de Menorca. Para determinarlo será necesario comparar los datos de capturas, las zonas de pesca, las profundidades, el tamaño de los ejemplares y la evolución de la temperatura durante varias campañas.
Mientras tanto, la gamba blanca ya ha dejado de ser una presencia anecdótica. Este verano ocupa más cajas en las lonjas, más espacio en las pescaderías y un lugar creciente dentro de la cocina marinera de la isla. El mar menorquín continúa ofreciendo producto, pero lo hace con una composición diferente, obligando a pescadores, científicos, restauradores y consumidores a adaptarse a una realidad que cambia bajo la superficie.
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