Foodies on Menorca
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Si eres de los que no perdona un buen brindis cuando sales a comer, hay novedades que te interesarán. Un estudio reciente publicado en la Revista Canadiense de Cardiología apunta que el consumo moderado de espumoso podría asociarse con un menor riesgo de paro cardíaco súbito. ¿La clave? Los polifenoles presentes en algunos espumosos, compuestos antioxidantes que pueden contribuir a mejorar la función vascular y a reducir la inflamación. Dicho esto, la palabra importante es moderado: no es una invitación a beber más, sino una excusa elegante para elegir mejor.
Y en Menorca, elegir mejor es casi una religión gastronómica. Las burbujas encajan de maravilla con nuestra cocina: son frescas, limpian el paladar y hacen brillar los platos marineros. Piensa en un tartar de gamba roja de nuestra isla o unas coquinas al natural, en unos mejillones con mahonesa, una caldereta de langosta o un arroz de pescado: la acidez y la textura cremosa de un buen espumoso pueden elevar el conjunto sin tapar el producto, del mismo modo que lo hará con las carnes de cerdo o de cordero al horno o para acompañar entrecots y chuletones de vaca roja menorquina a la brasa.
Para los foodies, el juego está en el maridaje y en el tipo de espumoso. Si eres de gustos secos, busca estilos brut nature o extra brut, que suelen tener menos azúcar residual. Si el plato tiene más grasa o fritura, un espumoso con buena acidez funciona como un “reset” natural. Y si el final es dulce (un imperial, tortada de almendra, greixera de boniato), puedes atreverte con un espumoso un poco más amable… pero sin perder el norte.
En definitiva: si el brindis es parte de la experiencia, el espumoso puede ser tu aliado foodie —siempre con moderación, buena compañía y una mesa menorquina como escenario. Salud, pero con criterio.
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