Al Parico, alma y arte: un aceite más allá de la esencia

Al Parico, alma y arte: un aceite más allá de la esencia

Al Parico, alma y arte, inició su aventura con el aceite con la intención de devolverle la vida a la finca, que se encontraba totalmente abandonada, con la voluntad de recuperar su esencia y poner de nuevo la tierra en valor. En este sentido, según explican desde la finca, el olivo les pareció el símbolo perfecto para llevar a cabo este objetivo. Además, consideraban el aceite un producto de interés y muy apreciado, tanto en la isla como en el resto del mundo.

“Así comienza nuestro camino con el aceite: como un proyecto de pasión y respeto por la naturaleza”.

Los propietarios de Al Parico se presentan como unos enamorados de la isla y de todo lo que representa: sus raíces, el compromiso con el medio ambiente y el cultivo ecológico. Y así es como han querido enfocar los distintos proyectos que llevan a cabo, devolviendo…

La primera plantación de olivar fue en 2018, con casi 400 olivos, hasta alcanzar cifras de 2.500 —unas 10 hectáreas—, que son las que tienen sembradas en la actualidad. Árboles que, en su mayoría, tienen más de 10 años. Con todo, este año ya llevan tres años siendo productores de aceite en su totalidad. “Estamos muy satisfechos y orgullosos de poder distribuir nuestro producto. Desde el principio, en este sentido, hemos priorizado la calidad sobre la cantidad, y seguimos haciéndolo hoy, convencidos de que es la única manera de honrar esta tierra”.

De todos los procesos se responsabiliza un equipo de cuatro personas, que se encarga del funcionamiento durante todo el año, y un ingeniero agrónomo especialista. Pero en época de cosecha, y como han querido destacar, todo el equipo de la finca se une y colabora.

De hecho, todos los sectores que abarca la finca —como el vino o la ganadería— se coordinan y se complementan durante el año. Por ejemplo, utilizan lana de sus ovejas para combatir ciertos parásitos del suelo.

Las variedades de olivo presentes en la finca son la arbequina, la picual y la hojiblanca, siendo la primera la dominante en cantidad. El aceite tiene así notas de fruta verde, un toque amargo, aromas que recuerdan a la alcachofa y el tomate, y ese picor final en la garganta. Sin embargo, en el futuro su idea es obtener el sello de Agricultura Ecológica y ofrecer también monovarietales, así como productos derivados del aceite, guiados por el alma y el arte que ya caracteriza este proyecto.

El aceite menorquín de Al Parico es, ya en esencia, muy diferente: por la ubicación, la proximidad al mar, el clima y la tierra rocosa, factores que auguran un sabor distinto. Pero, por encima de todo, destacan su origen insular. Menorca ofrece un microclima único, con la brisa marina, los suelos calcáreos y la biodiversidad que rodea los olivares. Y es con estas características con las que han querido trabajar y potenciar, diferenciándose, al mismo tiempo, desde la finca.

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