Foodies on Menorca
En pleno siglo XXI resulta difícil entender que una de las principales zonas turísticas y gastronómicas de Menorca tenga que convivir, en plena temporada alta, con cortes reiterados del suministro eléctrico. Pero es precisamente lo que está ocurriendo estos días en el Puerto de Ciutadella, especialmente en la zona comprendida entre es pont y es Pla.
El martes 18 de agosto, a las 21.10 horas, cuando los restaurantes se encontraban en plena hora punta del servicio de cenas, un nuevo apagón dejó varios establecimientos sin electricidad. No era un hecho aislado. Según denuncian los afectados, en solo diez días del mes de agosto ya se han producido tres incidencias similares.
El momento en que se producen estos cortes multiplica las consecuencias. Son las horas de más trabajo, con comedores llenos, clientes esperando mesa y reservas hechas con mucha antelación. Sin electricidad, buena parte de la actividad de un restaurante queda paralizada: cocinas, cámaras frigoríficas, sistemas informáticos, datáfonos, iluminación y climatización dejan de funcionar. En algunos casos, ante la imposibilidad de continuar el servicio con unas mínimas garantías, los responsables se ven obligados a cerrar.
Las consecuencias van mucho más allá de la facturación perdida aquella noche. Hay producto que puede estropearse, equipos que pueden resultar afectados por las interrupciones y restablecimientos de corriente y, en el caso de los viveros de langosta, los apagones pueden comprometer los sistemas necesarios para mantener vivos los crustáceos, provocando pérdidas considerables de un producto de alto valor económico.
A todo ello se añade el perjuicio reputacional. Muchos clientes entienden que se trata de una incidencia ajena al restaurante, pero otros reaccionan con indignación y, según relatan los restauradores, incluso con insultos o amenazas. Al final, quien da la cara ante el visitante es el establecimiento, aunque no tenga ninguna responsabilidad sobre el problema.
Los afectados denuncian, además, un patrón que aseguran que se repite cada verano: la incidencia llega en días y horas de máxima actividad; contactar telefónicamente para comunicarla no siempre es fácil; los técnicos pueden tardar entre dos y tres horas en llegar y, una vez en el lugar, el problema queda resuelto en pocos minutos. Después, explican, no reciben ninguna explicación sobre las causas ni sobre las medidas que se adoptarán para evitar que vuelva a suceder.
La situación merece una respuesta clara. Menorca proyecta una imagen de destino turístico de calidad y el Puerto de Ciutadella es uno de sus principales escaparates. Esa calidad también depende de unas infraestructuras capaces de responder en los momentos de máxima demanda.
Tres apagones en diez días no pueden ser considerados una simple anécdota. Los restauradores no pueden empezar cada jornada mirando de reojo el cuadro eléctrico y preguntándose si aquella noche podrán terminar el servicio. La incertidumbre ya se ha convertido en miedo, y trabajar así, en plena temporada turística, no es aceptable.
Hacen falta explicaciones, responsabilidades y, sobre todo, soluciones para que el Puerto de Ciutadella no vuelva a quedarse a oscuras.
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