Las cocas de Menorca, un patrimonio gastronómico que continúa vivo en cada horno

Las cocas de Menorca, un patrimonio gastronómico que continúa vivo en cada horno

Bep Al·lès/Ciutadella - Cuando llega el verano a Menorca hay una elaboración que continúa ocupando un lugar privilegiado tanto en los escaparates de los hornos como en las mesas familiares: la coca. Dulce o salada, sencilla o más elaborada, forma parte de la memoria gastronómica de la isla y representa una manera de entender la cocina basada en el producto de temporada, el aprovechamiento y la tradición. Más allá de ser una receta popular, las cocas constituyen uno de los grandes patrimonios culinarios menorquines y una expresión viva de nuestra identidad.

Las cocas de Menorca, un patrimonio gastronómico que continúa vivo en cada horno

Durante muchas generaciones, la coca también representó una manera práctica y económica de alimentar a toda la familia. La base, elaborada con harina, agua, levadura y grasa —habitualmente manteca de cerdo en las saladas y mantequilla de Menorca en las dulces— permitía aprovechar las verduras recién cosechadas, la fruta madura o aquellos embutidos que ya habían adquirido una curación más intensa. De ahí nacen recetas tan características como las cocas tovades con sobrasada vieja, auténticos ejemplos de una cocina de aprovechamiento que hoy vuelve a estar plenamente vigente.

El recetario menorquín ofrece una riqueza sorprendente. A las tradicionales cocas saladas se suman las elaboradas con hojaldre, las coques bambes —conocidas en Ciutadella como las ensaimadas de Sant Joan—, las cocas de congret, preparadas con huevos, azúcar y almidón, o las populares cocas de patata, de una textura especialmente tierna. Cada una responde a una celebración, una estación o una costumbre familiar, lo que convierte este universo gastronómico en uno de los más extensos de la repostería tradicional menorquina.

Las cocas de Menorca, un patrimonio gastronómico que continúa vivo en cada horno

Sin embargo, el paso del tiempo también ha dejado algunas víctimas. Elaboraciones como las coques de xuia, la coca betaelaborada con harina de cebada, la coca de ca hecha con salvado o las cocas de los Darrers Dies, que se elaboraban durante el Carnaval, prácticamente han desaparecido de los obradores. Asimismo, otras variedades preparadas con espárragos, esclata-sangs o hierbas silvestres forman parte hoy de un patrimonio culinario que merece ser recuperado antes de que caiga definitivamente en el olvido.

Una de las grandes referencias históricas es la obra Die Insel Minorca, del archiduque Luis Salvador de Austria, que ya documentaba a finales del siglo XIX hasta treinta y dos variedades diferentes de cocas consumidas en la isla. Aquel inventario demuestra hasta qué punto esta elaboración ocupaba un lugar central en la alimentación cotidiana de los menorquines.

La vitalidad de esta tradición también queda reflejada en el libro Sa cuina des poble de Menorca. Rebosteria i pastisseria, donde se recogen cerca de doscientas recetas vinculadas al mundo de las cocas, entre saladas, dulces, de hojaldre, de congret y bambes. Esta extraordinaria diversidad confirma que nos encontramos ante una de las expresiones gastronómicas más ricas de la cocina menorquina.

Las cocas de Menorca, un patrimonio gastronómico que continúa vivo en cada horno

En un momento en que los hábitos alimentarios tienden hacia los productos industriales, reivindicar las cocas es también defender el producto local, los hornos artesanos y el campo menorquín.

Elaborarlas con trigo xeixa, harinas ecológicas, frutas y hortalizas de temporada es una manera de mantener vivo un legado culinario que ha pasado de generación en generación. Las cocas no solo forman parte de nuestro pasado; continúan siendo uno de los grandes símbolos de la gastronomía menorquina y una deliciosa invitación a preservar el sabor más auténtico de la isla.

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