Las antiguas manzanas de Menorca, un patrimonio frutal casi olvidado

Las antiguas manzanas de Menorca, un patrimonio frutal casi olvidado

Bep Al·lès/Ciutadella - Menorca conserva en su memoria agrícola un rico patrimonio de árboles frutales que durante siglos formaron parte del paisaje de las fincas, de los huertos cercados con paredes de piedra seca y de la autosuficiencia campesina. Entre estos frutales, los manzanos ocuparon un lugar destacado, hasta el punto de que el archiduque Luis Salvador de Austria dejó constancia de ellos en el tomo Die Insel Menorca, dedicado a la isla dentro de su magna obra Die Balearen.

Las antiguas manzanas de Menorca, un patrimonio frutal casi olvidado

El listado recogido por el archiduque constituye hoy una pequeña joya etnobotánica. En él aparecen nombres que evocan colores, formas, sabores, procedencias y también la manera popular de designar aquello que era cercano y cotidiano: manzanas brutes o de na Bruta, camoses, capsanes, de carall daurat, de coure agre y de coure dolça, de cul de matxo, d’escorça groga, del Bon Jesús, del ciri, de massanilla, de na Polida, den Kane, de pinyol, de randa dolça, de Santa Caterina, de Santa Caterina blava, de vidre, fogasses, massanes, massanes negres, olivares, reials, reials dolces, reineteso francesas, retxades o robertes.

Las antiguas manzanas de Menorca, un patrimonio frutal casi olvidado

Estos nombres son mucho más que una relación de variedades. Son una ventana abierta a una Menorca agrícola diversa, donde cada finca podía conservar su propio manzano, adaptado al suelo, al viento, a la sequía y a las necesidades de la casa. Algunas manzanas serían más adecuadas para comer frescas; otras, posiblemente, para conservar, cocinar, elaborar confituras o acompañar platos de la cocina campesina.

Las antiguas manzanas de Menorca, un patrimonio frutal casi olvidado

La desaparición progresiva de muchas de estas variedades responde a los cambios agrícolas, comerciales y de consumo. Sin embargo, recuperar sus nombres ya constituye una primera manera de salvar su memoria. Las antiguas manzanas de Menorca hablan de un tiempo en el que el sabor tenía raíces, la fruta poseía un nombre propio y la biodiversidad era una parte inseparable de la vida cotidiana.

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