Foodies on Menorca
G. Durà/Ciutadella – Gelmarfred se ha consolidado, a lo largo de más de dos décadas, como una de las empresas distribuidoras de referencia en Menorca, especialmente en el ámbito del abastecimiento del sector gastronómico. Fundada por Jaume Gelabert y Mari Carmen Díaz, la compañía es hoy un ejemplo claro de emprendimiento, esfuerzo y crecimiento sostenido dentro del tejido empresarial de la isla.
Este recorrido ha sido recientemente reconocido con el Premio de Empresa Familiar de El Iris, un galardón que pone en valor no solo la trayectoria de la empresa, sino también su capacidad de adaptación, innovación y compromiso con el territorio. Desde sus inicios, Gelmarfred ha evolucionado de un pequeño proyecto empresarial a una estructura consolidada, con una amplia red de clientes y un modelo logístico eficiente que cubre toda Menorca.
Con una clara vocación de servicio, la empresa ha sabido crecer sin perder la esencia familiar, apostando por la cercanía con el cliente, la diversificación de producto y la mejora continua, en un sector cada vez más exigente y competitivo.
Hablamos con Jaume Gelabert, gerente de Gelmarfred, quien nos explica en primera persona los orígenes del proyecto, los momentos clave de su trayectoria y los retos de futuro de una empresa que continúa mirando hacia adelante con la misma ilusión de sus inicios.
¿Qué ha supuesto para Gelmarfred recibir el Premio Iris? ¿En qué momento personal y profesional llega?
La verdad es que ha sido un motivo de alegría y satisfacción. Nos ha llegado en un momento muy importante dentro de la empresa, en medio de un proceso de cambio intenso, con semanas de mucho trabajo, estrés y carga psicológica. Y, de repente, recibir un premio así… siempre hace ilusión. Siempre digo que es mejor que te lo den en vida y no después (ríe). En nuestro caso, además, ha sido más especial porque ha coincidido con este momento de transformación. Es un reconocimiento a muchas horas de trabajo y a muchos quebraderos de cabeza.
Hablemos de los inicios. ¿Recuerda el momento en que decidió emprender?
Sí, son momentos que no se olvidan. Yo trabajaba desde los 18 años en una empresa del sector, una cárnica de Mallorca con delegación en Menorca. Congelados Rotger era cliente nuestro y con su propietario hice muy buena relación. Un día me comentó que quería jubilarse y que sus hijos no querían continuar el negocio. Con el tiempo, acabó sugiriéndome que quizá era una oportunidad para mí.
En aquel momento yo estaba bien: tenía una buena nómina, era delegado y no tenía grandes preocupaciones. Pero también me di cuenta de que, con 38 años, estaba estancado. Si quería crecer, tenía que dar un paso. Finalmente, el 1 de abril de 2004 llegamos a un acuerdo. No tenía capital, pero el banco confió en nosotros y pudimos sacar adelante el proyecto.
¿Qué fue lo más complicado de aquella etapa inicial?
Lo más difícil fue decir adiós a la empresa en la que estaba. Allí estaba muy bien, era feliz y tenía una buena relación con mis jefes. Comunicarles que me iba fue muy duro. Aún hoy lo recuerdo con cierta pena.
En pocos meses sumaron más de 80 clientes.
Yo no me llevé ni una puerta, ni una silla ni una ventana de la empresa anterior, pero sí una cosa muy importante: la confianza de los clientes. Llevaba muchos años en la calle, visitando restaurantes y hoteles, y cuando expliqué que empezaba por mi cuenta, muchos decidieron seguir conmigo. Eso fue clave.
¿Cuál ha sido el secreto para consolidarse como distribuidor de referencia en Menorca?
La constancia, sobre todo. El día a día. También el carácter: soy muy perfeccionista y me gusta tenerlo todo controlado. Eso, con el tiempo, también me ha obligado a aprender a delegar. Hubo un momento en que entendí que no podía llegar a todo.
Además, hemos hecho una apuesta muy fuerte por el servicio. Damos servicio diario a toda la isla, algo que prácticamente nadie más hace. Eso da mucha tranquilidad a los clientes.
¿Cómo ha cambiado el sector en estos más de 20 años?
Muchísimo. Hace veinte años era muy diferente. Hoy en día el cliente exige mucho: exige servicio, exige muchas referencias y exige precio. Todo eso antes también era importante, pero no tanto.
Para que te hagas una idea: cuando empezamos, en el año 2004, teníamos unas 200 referencias activas; ahora tenemos cerca de 900. Y eso viene muy marcado por lo que piden los clientes. Los hoteles, por ejemplo, antes tenían una oferta mucho más sencilla. Ahora necesitan mucha más variedad: más tipos de carne, de pescado, de pan… Si antes ibas a un hotel y encontrabas un tipo de pan, ahora puedes encontrar veinte o veinticinco. Y con el resto de productos pasa lo mismo. Eso nos obliga a ampliar mucho el catálogo y a adaptarnos constantemente.
También ha cambiado mucho el trato. Antes yo iba a los hoteles, entraba en la cocina y hablaba directamente con el cocinero. Ahora, sobre todo en las grandes cadenas, todo es mucho más frío. No quieren comerciales dentro de la cocina: los pedidos llegan por correo y cualquier cosa se trata con el jefe de compras. Se ha perdido un poco esa parte más humana, sobre todo en el mundo hotelero. En cambio, con los restaurantes aún se mantiene más el trato directo.
¿Qué valora más hoy el cliente?
Es un equilibrio entre precio, calidad, servicio y rapidez. Puedes ser muy barato, pero si fallas en el servicio, el cliente no se queda. El secreto está en encontrar ese equilibrio.
¿Qué papel debería tener el producto local dentro de la distribución?
Debería tener mucho más, y a mí me encantaría apostar todavía más por él. Pero tenemos que ser realistas: el volumen que se mueve en Menorca es muy alto y no siempre se puede cubrir con producción local. Aun así, intentamos incorporar producto de proximidad siempre que es posible.
Recientemente habéis afrontado un nuevo cambio importante con la integración de nuevas líneas de negocio. ¿Qué ha supuesto?
Ha sido un paso muy importante. Hemos adquirido una unidad de negocio con personal, flota y acuerdos con proveedores, y nos hemos trasladado y concentrado en Ciutadella. Esto nos ha permitido ganar autonomía logística y reducir la dependencia de la Península.
Ahora tenemos por delante un año para consolidar este cambio, aprender de las nuevas líneas de producto y decidir hacia dónde queremos crecer.
¿Hacia dónde debe evolucionar Gelmarfred en los próximos años?
Ahora mismo, el objetivo es consolidar este nuevo proyecto. Nos toca escuchar, observar y entender bien todo lo que hemos incorporado. Más adelante, ya decidiremos cómo potenciar cada línea.
Después de más de 20 años, ¿qué es lo que más le sigue motivando?
Mi trabajo me gusta mucho. No me gusta trabajar —porque estaría mejor en una playa o en el sofá—, pero me gusta lo que hago. Aún tengo ese “gusanillo”. Y mientras no pierda eso, seguiré con la misma ilusión.
Foodies on Menorca
Foodies on Menorca
Foodies on Menorca
Foodies on Menorca