Ensalada de pobre: la receta marinera de la langosta que alimentó a los pescadores de Ciutadella

Foto: Biel Cardona Capella© Foto: Biel Cardona Capella©

Bep Al·lès/Ciutadella - Hoy la langosta es uno de los grandes símbolos gastronómicos de Menorca y un producto de lujo codiciado por restaurantes y aficionados a la buena mesa. Sin embargo, no siempre fue así. Hubo un tiempo en que los pescadores de Ciutadella la consideraban un alimento cotidiano y la preparaban en una receta humilde y refrescante que conocían como ensalada de pobre.

«En aquellos años, la pesca era un oficio económicamente muy duro y tanto el pescado como la langosta tenían mucho menos valor que ahora», recuerda Biel Cardona. Las capturas eran abundantes y la langosta formaba parte habitual de la alimentación de las familias de Baixamar durante los meses de verano.

La receta, que hoy forma parte del patrimonio culinario menorquín, ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a la memoria popular. Incluso llegó a ocupar un lugar destacado en acontecimientos institucionales. Cardona recuerda una conversación con Bep Al·lès, quien le explicó que durante la visita oficial de la reina Sofía a Ciutadella para la inauguración del remodelado Teatre des Born, una de las elaboraciones servidas en la cena celebrada en Cas Quintu fue precisamente esta tradicional ensalada de pobre, también conocida como ensalada de langosta. 

Una receta sencilla con sabor a Mediterráneo

La esencia de este plato reside en el respeto por el producto y en una elaboración sencilla, pensada para disfrutar de la frescura de la langosta acompañada por ingredientes básicos de la despensa isleña.

Del plato humilde al icono gastronómico

La ensalada de pobre resume como pocas recetas la evolución de la gastronomía menorquina. Nació como una comida sencilla de pescadores y ha terminado convirtiéndose en una preparación emblemática capaz de representar la historia culinaria de la isla en las mesas más distinguidas.

Una receta que demuestra que, en ocasiones, los grandes tesoros gastronómicos nacen precisamente de la cocina más humilde.

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