Foodies on Menorca
Con la llegada del otoño, la cocina menorquina recupera sabores que durante generaciones han estado ligados al campo, a la despensa y al ritmo natural de las estaciones. Entre estas delicias encontramos la coca con figat, una elaboración sencilla pero cargada de memoria, que combina la suavidad de la coca con la intensidad dulce y profunda de una de las conservas más tradicionales de la isla.
El figat es una confitura de higos propia de Menorca, elaborada tradicionalmente con higos de cristiano, una fruta que madura a finales del verano y que antiguamente permitía aprovechar los excedentes de la cosecha y conservarlos durante los meses posteriores. En las casas de campo menorquinas, hacer figat formaba parte de los rituales gastronómicos de temporada: recoger los higos en su punto, cocerlos lentamente y guardar aquella dulzura concentrada en tarros que después acompañarían meriendas, postres y elaboraciones caseras.
Sobre una coca, el figat adquiere otra dimensión. La masa, esponjosa y ligeramente tierna, sirve de contrapunto a la textura densa de la confitura. La superficie caramelizada, a menudo acabada con una fina capa de azúcar, aporta un juego de texturas que va desde la suavidad interior hasta una ligera resistencia crujiente.
Es una de esas elaboraciones que no necesitan sofisticación. La coca con figat habla de despensa, aprovechamiento y cocina doméstica. Un bocado profundamente menorquín que, cuando llega el otoño, vuelve a poner sobre la mesa el sabor de una tradición que sigue muy viva.
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