Foodies on Menorca
Con la llegada de Todos los Santos, la gastronomía menorquina recupera una de las elaboraciones más queridas de su calendario tradicional: los buñuelos. Un manjar profundamente vinculado a estas fechas que, generación tras generación, ha formado parte de meriendas, encuentros familiares y mesas del 1 de noviembre.
Los buñuelos de Todos los Santos se caracterizan por una masa tierna y ligera, frita hasta adquirir ese color dorado tan característico. Pero una parte esencial de la tradición es también la manera de acompañarlos. Antiguamente, y todavía hoy en muchas casas, se comen mojados en arrope, una preparación dulce y concentrada que puede ser de uva o de higo chumbo. Una combinación de sabores que nos transporta directamente a la cocina de temporada y a las antiguas despensas de Menorca.
Otra manera muy menorquina de disfrutarlos es con miel de la isla, dejando que la dulzura y los aromas de la miel impregnen la masa del buñuelo y realcen su textura.
Cuando se convierten en el postre de una comida de Todos los Santos, los buñuelos también tienen un acompañante tradicional: una copita de vino dulce o de moscatel. La intensidad aromática del vino y su dulzura completan un maridaje sencillo y festivo.
Buñuelos, arrope, miel y vino dulce configuran así todo un pequeño ritual gastronómico de otoño. Una tradición de Todos los Santos que sigue viva y que nos recuerda que el calendario menorquín también se puede explicar a través de sus sabores.
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