Foodies on Menorca
Bep Al·lès / Ciutadella – La gastronomía menorquina sigue ganando músculo mediático e identitario. Una prueba de ello es la publicación de un nuevo número en papel de la revista Foodies on Menorca, una revista trimestral que llega a su edición de otoño, núm. 21, editada e impresa por Setmanaris i Revistes S.L. en Ciutadella de Menorca.
Este nuevo número dedica su temática central a un producto que ha pasado de ser prácticamente inexistente en el sector agrario de la isla a convertirse en un emblema emergente: el aceite de oliva virgen extra ecológico producido en Menorca bajo la IGP Oli de Menorca.
Esta publicación temática responde a una pregunta que cada vez se formula con más insistencia en los foros turísticos, en los despachos agrarios y en las cocinas profesionales de la isla: ¿puede el aceite convertirse en un nuevo pilar de la economía y de la marca Menorca?
El olivo había quedado relegado durante décadas al olvido productivo, en un entorno agrario dominado por la ganadería y la industria láctea. Sin embargo, la situación ha experimentado un giro notable en los últimos veinte años. Nuevas fincas y payeses se han ido incorporando de manera progresiva hasta consolidar seis tafones (almazaras) activas y una cincuentena de productores, según explican fuentes del sector.
No se trata de macroexplotaciones ni de un modelo extensivo. Todo lo contrario: Menorca está configurando una estructura productiva basada en pequeños volúmenes, proximidad y mucho cuidado en el proceso, con un objetivo claro: competir por calidad, no por precio.
En Menorca, la ecología no es un añadido, sino el eje vertebrador de su posicionamiento exterior. Que el aceite se produzca en ecológico conecta de manera natural con el modelo de gestión del territorio.
El consumidor, cada vez más exigente, encuentra garantías como:
Ausencia de pesticidas y productos químicos
Conservación de la biodiversidad
Suelos vivos y gestión racional del agua
Menor emisión y huella ambiental
Todo ello sitúa el producto en categorías “premium” y responde a una demanda alimentaria propia del siglo XXI.
Si hay un elemento que diferencia el aceite menorquín, es su sabor. La orografía calcárea, el régimen de lluvias, el suelo pobre pero mineralizado y, sobre todo, la tramontana dan lugar a un aceite:
Intenso en verdor
Afrutado, con notas de almendra tierna y hierba
Con un punto amargo y picante que indica una alta presencia de polifenoles
Por eso es un aceite que no se esconde en el plato: lo complementa y lo refuerza. Es ideal en crudo y se ha convertido en un aliado imprescindible para la restauración que apuesta por el producto local.
El movimiento gastronómico contemporáneo defiende una premisa: lo que es bueno no hace falta complicarlo. Así, un gesto tan habitual como mojar una rebanada de pan de xeixa con aceite de la isla se ha convertido, de forma orgánica, en una expresión de territorio.
En Menorca:
El pan con aceite es desayuno y merienda de payés y, al mismo tiempo, una propuesta gastronómica de restaurante
Es costumbre familiar y, a la vez, herramienta de promoción turística
Es tradición y modernidad conviviendo en un mismo plato
Sin estridencias, pero sin renuncias: sabor de isla en estado puro.
El futuro del sector pasa también por las variedades “de la Terra” y “Serranesca”, propias de Menorca y recuperadas en los últimos años. Su adaptación al clima insular y su resistencia a la sequía y a las plagas las convierten en activos prioritarios para la consolidación del sector.
El trabajo de recuperación varietal no solo tiene interés agronómico: añade valor añadido comercial y una narrativa diferenciadora en un mercado global saturado de aceites homogéneos.
¿Por qué el aceite se considera una apuesta estratégica?
Diversifica la economía agraria y genera nuevos ingresos
Fija población en el campo, dando continuidad a las fincas familiares
Revaloriza el paisaje con un cultivo mediterráneo compatible con la ganadería
Impulsa la marca gastronómica Menorca de cara a un turismo de calidad
Es un producto que suma en todas las escalas: económica, ambiental y cultural.
El sector del aceite ecológico en Menorca sigue siendo joven, pequeño y expuesto a riesgos climáticos y de mercado. Pero su solidez conceptual —ecología, calidad, identidad— lo sitúa en un lugar de visibilidad estratégica para Menorca en el contexto mediterráneo.
Si la tendencia continúa, el aceite puede convertirse en una de las insignias gastronómicas y territoriales de la isla en la próxima década. No desplazará al queso, pero caminará a su lado, aportando diversidad y relato.
Menorca, tierra de oro líquido. Un titular que, hasta hace poco, parecía impensable y que hoy ya forma parte del discurso oficial y del presente productivo.
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