Foodies on Menorca
Raymonde Calbo Laffitte / Felanitx – Recuerdo con mucha emoción cuando en el mes de junio del año 1970 terminé con éxito mis estudios en la ciudad de Toulouse. Tenía veintiún años. Mi padre, que con muchos sacrificios me había permitido estudiar durante cinco años en esta capital de Occitania, quiso celebrarlo con una comida en el famoso restaurante “l’Entrecôte”. En aquella época era todo un lujo para una familia obrera como la nuestra, procedente de un pequeño pueblo de una región tan desfavorecida como era Ariège.
Este restaurante había abierto sus puertas en Toulouse el día dos de abril de 1962 en manos de una familia de viticultores de la zona. Aún hoy, tanto este establecimiento como los demás que llevan el mismo nombre en diferentes ciudades (Burdeos, Nantes, Lyon e incluso Barcelona) están regentados por descendientes de aquella misma familia.
El fundador del restaurante de Toulouse propuso una fórmula totalmente revolucionaria para la época, consistente en un menú diario invariable que perdura hasta hoy y que goza del mismo éxito que entonces. Se compone de una ensalada con vinagreta y nueces, patatas fritas y una deliciosa carne de buey (faux-filet) hecha a la brasa y finamente cortada, acompañada de una salsa espectacular casi legendaria, cuya receta es el secreto mejor guardado de la familia. Debemos decir que en Toulouse l’Entrecôte se convirtió muy pronto en una auténtica institución.
Muchos cocineros han intentado a lo largo de los años descubrir sin éxito los ingredientes que podrían emplearse para elaborar la salsa. Proponen hígado de gallina, chalotas, una ramita de tomillo, nata líquida, mostaza de Dijon, mantequilla, un poco de agua, sal y pimienta, todo bien triturado y colado.
Los postres también son obra de los pasteleros del restaurante, destacando especialmente sus extraordinarios profiteroles. Todo lo que se sirve se elabora con productos frescos de la región y también se pueden degustar vinos de la casa, tintos y rosados.
Desde hace sesenta y cuatro años el restaurante, con este mismo menú, abierto los siete días de la semana durante todo el año, acoge a ochocientas personas cada día y unas novecientas los fines de semana. Un lugar donde no queda más remedio que hacer cola para comer porque no funciona con reserva. La atención y el servicio son rápidos, todo muy profesional en un ambiente acogedor y relajante.
Cada vez que he viajado a Toulouse para visitar a mi hermana, no he dejado de ir, porque además de disfrutar degustando este exquisito menú, siempre me despierta entrañables recuerdos de una época feliz de mi juventud como estudiante en esta capital conocida como “La Ville Rose”.
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