Foodies on Menorca
Bep Al·lès/Ciutadella – En los cercados del poniente de Menorca, en Ciutadella, entre paredes secas y acebuches, se cría una parte de lo que, en Navidad y Nochevieja, acabará presidiendo muchas mesas menorquinas: el cochinillo al horno. Lo hace la empresa local “Explotación Porcina Extensiva”, impulsada por el empresario y ganadero Pau Salord, que ha apostado claramente por un modelo de producción extensivo, arraigado al campo menorquín y orientado a ofrecer un producto de proximidad, con todas las garantías de calidad y seguridad alimentaria.
La firma pone a disposición del mercado distintos formatos de cochinillo para adaptarse tanto a las carnicerías como a las familias y a la restauración. Por un lado, ofrece cochinillos de entre 4,5 y 5,5 kilos, pensados para hornos domésticos y encuentros familiares; y por otro, piezas de mayor tamaño, de entre 8 y 10 kilos, muy apreciadas por restaurantes, hoteles y grandes celebraciones. Esta diversificación permite mantener viva una tradición gastronómica muy arraigada en Menorca, al tiempo que da una salida digna al trabajo del ganadero.
El modelo de Explotación Porcina Extensiva se basa en la ganadería extensiva, una forma de criar el ganado alejada de los sistemas industriales intensivos. Los cochinillos disponen de espacio para moverse, tomar el sol, buscar rincones de sombra y expresar su comportamiento natural. Este ritmo de crecimiento más pausado, junto con una alimentación controlada y adaptada a las necesidades de cada fase, además de agua limpia para beber, se traduce en carnes más equilibradas, con mejor textura y sabor. No se trata solo de una cuestión de bienestar animal, sino también de un claro valor añadido para el consumidor.
Otro punto clave es la seguridad sanitaria. Menorca es un territorio libre de peste porcina africana, un factor decisivo que convierte al ganado criado en la isla en un producto especialmente seguro. La combinación de un entorno insular controlado, la vigilancia veterinaria y las medidas de bioseguridad implantadas en las explotaciones hace que la carne de cochinillo criada aquí ofrezca sólidas garantías de salubridad y trazabilidad. En un momento en que el consumidor es cada vez más exigente y quiere saber de dónde procede lo que come, poder afirmar que el cochinillo ha nacido, se ha criado y se ha engordado en Menorca, en una explotación extensiva, es un activo de primer nivel.
La empresa de Pau Salord no vende solo carne; vende también una historia de territorio. Optar por estos cochinillos es apostar por un producto local de calidad, que mantiene viva la actividad agraria y el mosaico agrícola menorquín. La demanda de cochinillos en extensivo contribuye a mantener las tierras abiertas, a conservar las paredes secas y a dar sentido económico a fincas que, sin actividad ganadera, podrían acabar abandonadas. En definitiva, el consumidor que elige este cochinillo local participa, quizá sin darse cuenta, en la preservación del paisaje y de la forma de vida tradicional de la isla.
El cochinillo al horno es, en Menorca, mucho más que un plato. Es un ritual festivo, especialmente arraigado en las celebraciones de Navidad y Nochevieja. En muchas casas, la preparación comienza horas antes: limpiar bien la pieza, salpimentarla con cuidado, untarla con manteca o aceite, aromatizarla con hierbas del campo como romero, tomillo y laurel y, en algunos casos, añadir unas rodajas de limón o naranja que ayuden a perfumar el conjunto. El horno, calentado a fuego constante, hace el resto: una cocción lenta que deja la carne melosa y la piel crujiente, ese punto que marca la diferencia y provoca comentarios elogiosos en la mesa.
Este plato de gran celebración suele ir acompañado de patató o patatas al horno y, en las recetas más señoriales, de manzana o ciruelas que absorben los jugos de la cocción. El resultado es una combinación intensa de sabores que remite tanto a la cocina tradicional familiar como a la de fonda. En muchos hogares, el cochinillo al horno es sinónimo de reencuentro, de mesas vestidas con los mejores manteles, de vinos de Menorca elegidos con cuidado y de conversaciones que se alargan hasta bien entrada la tarde o el anochecer, donde no falta el juego del cuc. Por eso, poder contar con cochinillos criados a pocos kilómetros de casa, en condiciones óptimas y con todas las garantías, aporta una dimensión especial a estos encuentros.
Desde el punto de vista económico, propuestas como la de Explotación Porcina Extensiva ayudan a cerrar el círculo de la economía local. El valor añadido que se genera no se pierde en largas cadenas de distribución: queda, en gran parte, en la isla. Ganan los ganaderos, los transportistas, las carnicerías y los restaurantes; gana el consumidor, que recibe un producto fresco y de confianza; y gana también la imagen de Menorca como territorio comprometido con la alimentación de calidad y la sostenibilidad.
La trazabilidad es otro de los grandes argumentos. Saber que el cochinillo ha sido criado siempre en el mismo entorno, bajo la supervisión directa del ganadero y con estrictos protocolos sanitarios, aporta una tranquilidad importante al comprador. En un mercado global donde a menudo no es fácil seguir el rastro real de los alimentos, el hecho de que la procedencia sea clara, concreta y local supone una diferencia notable. Esta transparencia se convierte en una garantía de consumo responsable, acorde con los criterios que cada vez más familias aplican a la hora de llenar la cesta de la compra.
La combinación de modelo extensivo, territorio libre de peste porcina africana, apuesta por el producto local y respeto por la tradición culinaria hace que los cochinillos de la empresa de Pau Salord ocupen un lugar destacado dentro de la oferta de carne de cerdo en Menorca. En un momento en que se habla mucho de sostenibilidad, kilómetro cero y soberanía alimentaria, experiencias como esta demuestran que es posible producir con criterio, sin renunciar ni a la rentabilidad ni a la calidad gastronómica.
Con la llegada de las fiestas, cuando los pedidos de cochinillo se multiplican y los hornos, tanto los domésticos como los de los restaurantes, vuelven a llenarse de aromas que evocan recuerdos de infancia, el trabajo realizado durante todo el año en los cercados de Ciutadella cobra valor. Cada cochinillo que entra en el horno lleva detrás meses de trabajo discreto: alimentación controlada, vigilancia sanitaria, cuidados diarios y una forma de entender la ganadería que mira tanto al futuro como al pasado.
En definitiva, la iniciativa de Explotación Porcina Extensiva y de Pau Salord ejemplifica una línea de trabajo que encaja plenamente con la sensibilidad actual del consumidor: producto local, de confianza, criado en extensivo y con todas las garantías de calidad y seguridad. Y, al mismo tiempo, mantiene viva una de las grandes iconas gastronómicas de las fiestas de invierno en la isla: el cochinillo al horno, un plato que sigue reuniendo generaciones alrededor de la mesa y que, gracias a proyectos como este, tiene asegurado su futuro en Menorca.
Comprar los cochinillos de Pau Salord, de Explotación Porcina Extensiva, es apostar por un producto local de confianza, criado en los cercados de Ciutadella con un modelo ganadero respetuoso con el animal y con el territorio. Son cochinillos en extensivo, que crecen con más espacio y a un ritmo natural, lo que se traduce en una carne más sabrosa, melosa y saludable. Además, al tratarse de animales criados en Menorca, cuentan con la garantía adicional de proceder de un territorio libre de peste porcina africana, un plus de seguridad sanitaria muy importante en la actualidad.
La empresa ofrece piezas de entre 4,5 y 5,5 kilos y cochinillos de mayor tamaño, de entre 8 y 10 kilos, ideales tanto para familias como para la restauración. Elegir estos cochinillos significa apoyar directamente al campo menorquín, reforzar la economía de proximidad y asegurarse un cochinillo al horno de excelente calidad para Navidad y Nochevieja.
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