Casi la mitad de los trabajadores de Menorca recortan en la calidad de la alimentación por el encarecimiento de la vida y la doble insularidad

Casi la mitad de los trabajadores de Menorca recortan en la calidad de la alimentación por el encarecimiento de la vida y la doble insularidad

Bep Al·lès/Ciutadella - El aumento sostenido de los precios, la pérdida de poder adquisitivo y el sobrecoste estructural que sufren Baleares y, especialmente Menorca debido a la doble insularidad, están provocando un profundo cambio en los hábitos de consumo de muchas familias. Según un informe elaborado por el sindicato USO a nivel nacional, casi uno de cada dos trabajadores ha reducido la calidad o la cantidad de los alimentos que consume durante los últimos cinco años debido a la caída del poder adquisitivo. Una realidad que en Menorca puede agravarse por el hecho de que la cesta de la compra es notablemente más cara que en gran parte de la Península.

El estudio pone de manifiesto que la inflación acumulada desde la pandemia ha superado ampliamente el incremento de los salarios. Esto ha obligado a muchos hogares a priorizar gastos básicos y a modificar sus hábitos de compra. En Menorca, este fenómeno se ve agravado por los elevados costes del transporte de mercancías, la dependencia exterior y las dificultades logísticas propias de un territorio insular.

Los sindicatos alertan de que la situación ya no afecta únicamente a las familias con rentas bajas, sino también a trabajadores con empleo estable que, a pesar de tener ingresos regulares, cada vez tienen más dificultades para llegar a final de mes. La consecuencia directa es una reducción del consumo de productos frescos, de calidad o de proximidad, sustituidos a menudo por opciones más económicas y, muchas veces, menos saludables.

En Menorca, la percepción ciudadana coincide plenamente con los datos del informe. Las familias notan especialmente el incremento de precios en productos esenciales como la carne, el pescado, los lácteos, la fruta y la verdura. También se han disparado los costes de productos de higiene y limpieza, mientras que los gastos energéticos y la vivienda continúan absorbiendo una parte muy importante de los ingresos mensuales.

El problema de fondo, según economistas y representantes sindicales, es que los salarios no han evolucionado al mismo ritmo que el coste de la vida. A pesar de las subidas salariales pactadas en algunos convenios, muchos trabajadores consideran que estos incrementos son insuficientes para compensar el encarecimiento generalizado. En Baleares, además, el diferencial de precios respecto a la Península hace que el impacto sea aún mayor.

La doble insularidad es uno de los principales factores que explican esta situación. Menorca depende en gran medida de productos importados que llegan en barco desde Mallorca o directamente desde la Península. Este transporte añade costes logísticos que acaban repercutiendo en el precio final que paga el consumidor. Empresarios del sector alimentario y de la distribución recuerdan que el combustible, los puertos, el almacenamiento y la menor escala del mercado hacen imposible competir con los precios del continente.

Así, un mismo producto puede costar más en Menorca que en un supermercado de Barcelona, Valencia o Madrid. Esta diferencia, aparentemente pequeña en cada compra, se convierte en una carga considerable a final de mes para las economías familiares.

El informe de USO también alerta de un aumento del estrés financiero entre los trabajadores. Muchas familias aseguran haber reducido gastos en ocio, restauración o vacaciones, pero incluso con estas renuncias no consiguen equilibrar las cuentas domésticas. Por ello, el consumo alimentario se ha convertido en uno de los ámbitos donde más se ajustan los gastos.

Entre las estrategias más habituales se encuentran comprar menos cantidad, optar por marcas blancas, eliminar algunos productos de la dieta o buscar ofertas constantes. También ha aumentado la compra en establecimientos de cadenas nacionales e internacionales y la planificación extrema de las compras semanales.

Los expertos en nutrición advierten de que esta tendencia puede tener consecuencias negativas a medio y largo plazo. Reducir el consumo de pescado fresco, fruta o alimentos de calidad puede derivar en una alimentación menos equilibrada, especialmente entre niños y personas mayores. En Menorca, donde tradicionalmente la dieta mediterránea ha tenido un peso importante, preocupa que las dificultades económicas acaben modificando hábitos saludables consolidados durante generaciones.

La situación es especialmente complicada para los trabajadores del sector servicios, muy dependiente de la temporalidad y de la estacionalidad turística. Aunque el empleo durante los meses de verano es elevado, muchos empleados acumulan meses de inactividad o tienen que vivir del paro o de rentas básicas durante la temporada baja. Esta irregularidad de ingresos hace que el encarecimiento de los productos básicos se note todavía más.

Además, la vivienda continúa siendo una de las principales preocupaciones en Menorca. El aumento de los alquileres y la dificultad para acceder a una vivienda asequible provocan que muchas familias destinen una parte desproporcionada de sus ingresos al pago de la vivienda. Esto reduce aún más la capacidad de gasto en otras necesidades básicas como la alimentación.

Desde el sindicato USO, en su informe nacional, reclaman medidas urgentes para recuperar poder adquisitivo. Entre las propuestas figuran incrementos salariales vinculados al IPC real, una reducción de la presión fiscal sobre productos básicos y políticas específicas para compensar los sobrecostes de la insularidad. También piden reforzar las ayudas sociales y mejorar los complementos salariales de los trabajadores con sueldos más bajos.

En el caso concreto de Baleares, diferentes entidades sociales y económicas llevan años reclamando un trato específico para compensar los efectos de la insularidad. Consideran que el coste real de vivir en islas como Menorca no se refleja adecuadamente ni en los salarios ni en muchas políticas estatales.

Mientras tanto, los consumidores menorquines continúan adaptándose como pueden a una situación que parece lejos de normalizarse. Aunque la inflación ha moderado ligeramente su ritmo durante los últimos meses, los precios continúan en niveles muy elevados y la sensación general es que el coste de la vida sigue disparado.

Muchas familias explican que antes podían llenar el carro de la compra sin mirar tanto los precios, mientras que ahora comparan constantemente etiquetas, calculan cada gasto y evitan compras impulsivas. La percepción es que el sueldo dura cada vez menos.

Este escenario dibuja una realidad preocupante para Menorca: trabajar ya no garantiza mantener con comodidad unas condiciones de vida dignas. Y es que, a pesar de las buenas cifras turísticas y la recuperación económica global, una parte importante de la población continúa notando que llegar a final de mes es más difícil que nunca.

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