Ruta foodie por los comercios emblemáticos de Ciutadella: ocho paradas con sabor a historia

23/09/2026
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Ruta foodie por los comercios emblemáticos de Ciutadella: ocho paradas con sabor a historia

Bep Al·lès/Ciutadella - Descubrir Ciutadella como un auténtico foodie viajero significa ir más allá de los restaurantes y de las terrazas del puerto. La gastronomía de la ciudad también se esconde detrás de los mostradores de las antiguas tiendas de comestibles, dentro de los obradores de los hornos, en los escaparates de las pastelerías y en aquellas heladerías que forman parte de los veranos de varias generaciones de ciutadellencs.

Por ello proponemos una ruta diferente para realizar durante una estancia en Ciutadella: ocho comercios emblemáticos directamente relacionados con la alimentación que permiten degustar producto local, comprar algo para desayunar o merendar, preparar un pícnic o simplemente conversar con quienes todavía conocen el producto y a la clientela por su nombre.

Primera parada: Ca na Maria – 1945, la despensa del mercado

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Podemos empezar en la plaza de la Llibertat, uno de los epicentros de la vida comercial de Ciutadella. Bajo los arcos, muy cerca del Mercado del Pescado, encontramos Ca na Maria – 1945, conocida popularmente como Ca na Trueno.

Fundada por Esperança Pons Pericàs y mantenida durante tres generaciones, comenzó como una tienda de frutas y verduras de temporada. Con los años llegaron la leche, los quesos, los embutidos menorquines y otros productos de despensa.

Es una buena primera parada para comprar queso, fruta o algún producto de proximidad antes de una excursión, pero sobre todo para vivir aquella experiencia, casi desaparecida, de entrar en una tienda, preguntar qué es lo mejor del día y dejarse aconsejar.

Ca na Fayas, la tienda de toda la vida

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La siguiente propuesta es Ca na Fayas, otro de los establecimientos reconocidos como comercio emblemático de Ciutadella.

Para un foodie viajero, estas tiendas tienen un valor especial porque permiten conocer qué compra la gente de la isla para su consumo cotidiano. Durante décadas, las tiendas de comestibles no solo servían para llenar la despensa: también eran espacios de conversación, de intercambio de recetas y de información sobre productos y temporadas.

Aquí la mejor actitud es no llevar una lista cerrada. Entrar, mirar, preguntar y descubrir qué hay ese día.

Ca na Riera, otra cara de la Ciutadella cotidiana

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Ca na Riera completa este primer recorrido por los comercios de alimentación tradicional.

Su visita nos aleja por unos momentos de la Ciutadella monumental y nos acerca a la ciudad que compra, cocina y vive cada día. Esta es una de las claves de la ruta: descubrir que el patrimonio gastronómico no siempre se presenta dentro de una vitrina ni necesita una explicación museística.

Muchas veces es tan sencillo como un mostrador, una conversación y un producto que alguien nos recomienda porque “ahora es su tiempo”.

Forn Curniola, más de 125 años encendiendo el horno

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Llegamos a una de las paradas imprescindibles. El Forn Curniola abrió en 1900 de la mano de Guillem Pons y Catalina Truyol y su historia familiar alcanza ya la quinta generación.

Inicialmente dedicado al pan, como muchos hornos menorquines también recibía las bandejas que las familias preparaban en casa y llevaban a cocer porque no todas las viviendas disponían de horno propio.

Hoy es un lugar perfecto para entrar sin prisas y observar el escaparate: panes, cocas, ensaimadas, pastas y elaboraciones tradicionales que pueden cambiar según la época del año.

El consejo foodie es claro: preguntar qué se ha elaborado ese día y cuál es la pieza más típica del momento.

Forn Can Diego, Menorca dentro de un escaparate

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Otra visita necesaria es el Forn Can Diego.

Los hornos menorquines son pequeñas enciclopedias gastronómicas. Cocas, crespells, rubiols, formatjades y muchas otras elaboraciones dulces y saladas explican el calendario festivo, la cocina familiar y la manera en que cada generación ha aprovechado los productos disponibles.

La propuesta es comprar varias piezas y compartirlas. Puede ser un excelente tentempié a media mañana o una manera de improvisar un pícnic antes de continuar descubriendo Ciutadella o partir hacia alguna cala.

Y conviene recordar que la experiencia cambiará según el momento del año: Pascua, Navidad, Sant Joan o cualquier otra festividad deja también su huella en los escaparates.

El Diamante, la memoria dulce de Ciutadella

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Fundada en 1935, la Pastisseria El Diamante comenzó como tienda de comestibles hasta convertirse en una de las referencias de la pastelería de Ciutadella.

Aquí hay nombres que forman parte de la memoria gustativa local: sa Felipa, los merengues o los brazos de gitano.

Para el visitante es una magnífica ocasión de descubrir aquella repostería que ha acompañado domingos, aniversarios y celebraciones familiares durante décadas. Un dulce no es solo azúcar, harina o huevos; en ocasiones es también una manera de conservar recuerdos.

Gelats Torres, el sabor de los veranos de Ciutadella

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Cuando llega el momento del helado, una de las paradas tiene nombre propio: Gelats Torres.

Su vainilla es probablemente uno de los sabores más identificativos de la casa y forma parte de los recuerdos de infancia de muchas generaciones de ciutadellencs.

Por ello, en esta ruta recomendamos empezar por los sabores clásicos. Antes de buscar combinaciones sofisticadas, merece la pena entender por qué un helado sencillo puede convertirse en parte de la identidad sentimental de una ciudad.

Comerlo mientras seguimos paseando es también recuperar uno de los rituales tradicionales de las tardes y anocheceres de verano.

Sa Gelateria de Menorca, terminar la ruta en el Portal de Mar

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Podemos poner punto final a la experiencia en Sa Gelateria de Menorca, fundada en 1982 por Eduard Eroles y Maria Jesús Martí dentro de una antigua cueva de pescadores del Portal de Mar.

Desde sus inicios ha apostado por los helados artesanos, por los ingredientes menorquines y por una clara vinculación con el territorio. Leche de Menorca, figat, moras silvestres o barquillos elaborados en la isla forman parte de esta filosofía.

Pero aquí la experiencia no termina dentro del cucurucho.

Las características sillas Coca Rossa situadas frente al local, sin mesas, han convertido este espacio en un lugar de encuentro. Sentarse al fresco con un helado, conversar y ver pasar a la gente es una manera muy ciutadellenca de terminar esta ruta.

Una Ciutadella que también se come y se compra producto local

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Esta ruta se puede realizar tranquilamente durante una mañana o dividirla entre diferentes momentos de la estancia. No necesita prisas ni un itinerario excesivamente rígido.

La gracia está en entrar, preguntar, degustar y comprar.

Los ocho establecimientos nos recuerdan que la gastronomía de un territorio no vive únicamente dentro de los restaurantes. También se conserva en los obradores que se encienden de madrugada, detrás de los mostradores de las tiendas, en los escaparates de las pastelerías y en un helado comido sentados en la calle.

Para el foodie viajero, esta es posiblemente una de las maneras más auténticas de conocer Ciutadella: recorrerla a pie, hablar con su gente y llevarse, bocado a bocado, una parte de su historia.